jueves, 26 de noviembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Los juegos Feacios, la última aventura de Ulises antes de regresar a Ítaca.

Llegada de Ulises al palacio de Alcinoo
 de Claude Lorrain (1600-1682)


Ulises siguiendo las indicación de la bella princesa Nausica llegó a Palacio (aquí). Tras admirar los alrededores se adentró en un magnífico edificio de mármol blanco lleno de columnas y patios. Era la residencia real y allí, en su salón principal, se hallaban cenando el rey y la reina con sus consejeros y doncellas.

Ulises avanzó hasta la reina y una vez la tuvo delante se arrodilló y le dijo:
Noble soberana. Ante vos me presento para solicitar vuestra ayuda y con ella regresar a mi patria. Son ya más de veinte los años que llevo vagando por el mundo y padeciendo infortunios.
Por favor, tened piedad de mí.



La reina Arete lo miró fijamente con ternura y apiadándose de él le dijo.
Pobre extranjero, si supiesemos de donde procedes sería mucho más sencillo ayudarte...

En ese mismo momento el rey Alcínoo interrumpió a su esposa para recordar una ley de suma importancia en la Antigua Grecia.

No te preocupes. No necesitamos saber de dónde procedes. En mi reino todo extranjero es bien recibido. Come, descansa y te prometo que, tras pasar esta noche entre nosotros, mañana dispondrás de todo lo necesario para volver a tu tierra.

Odiseo en la corte de Alcínoo 
de Francesco Hayez (1814 - 1815)


A la mañana siguiente el rey, tal y como había prometido a Ulises, mandó que tuviesen dispuesta una nave en el muelle principal de la ciudad. Pero antes de permitirle partir el rey Alcínoo decidió honrar a su misterioso huésped organizando una gran fiesta en su honor. 

Allí sentado en un lugar preferente y pensando que en pocas horas estaríajunto los suyos, Ulises observaba las habilidades de los mejores atletas feacios en disciplinas como la lucha, las carreras o el lanzamiento de disco.



Tras un tiempo compitiendo entre ellos, Euríalo al observar el fornido cuerpo de Ulises le invita a participar. El héroe rechaza la invitación. Está demasiado cansado e inquieto ante la cercanía de volver con los suyos.

Euríalo toma la negativa como una gran ofensa y le dice:

Tu rechazo indica que desconoces totalmente la nobleza de estos juegos. ¿Acaso en otro tiempo fuiste comerciante?

Ulises se levanta y herido en lo más profundo le dice al joven.

Has de saber que tus palabras son sumamente groseras. Por supuesto que los practique en la época feliz de mi juventud, antes que la guerra y los muchos viajes desventurados que me han tocado vivir mermaran mi fuerza. Pero ya que me has herido probaré si queda algo de mis antiguas destrezas. 

Y cogiendo uno de los discos de bronce más grandes y pesados lo lanzó con su fornido brazo superando todos los records que hasta ese momento habían conseguidos los discóbolos feacios. 




La sorpresa del público fue enorme, pero Ulises no contento con lo conseguido desafió a todos los jóvenes presentes.

Jóvenes feacios, si lo desean estoy dispuesto a medirme con cualquiera de ustedes en la disciplina que deseen. Desafíenme, no rechazaré a ningún adversario.

El silencio durante los siguientes minutos fue enorme siendo el propio rey quien lo interrumpió.

Extranjero entendemos perfectamente que estés herido. Las palabras de mi hijo Euríalo fueron muy poco afortundas pero has de saber que para nosotros los juegos son mucho más que una lucha de fuerzas. Dejémoslo estar así y disfrutemos de la cena mientras escuchamos cantar a Demódoco, nuestro aedo ciego.

 

En ese momento el poeta es llevado a la asamblea y acompañándose de su cítara comienza  a narrar las aventuras de un héroe de nombre Ulises gracias a cuyas arducias se consiguió vencer  la guerra de TRoya.

Ulises conmovido ante lo que escucha y con miedo a ser descubierto decide cubrir su rostro con un pañuelo mientras el aedo continúa narrando la manera las mil y una peripecias vividas dentro del caballo de Troya (aquí).

Demódoco cantando ante Ulises y Alcínoo
 de John Flaxman (1810)


La emoción de Ulises va en aumento hasta tal punto que es el propio rey quien se da cuenta de ello:

Hemos advertido que todo el relato de Troya te ha conmovido mucho. Dinos extranjero, ¿perdiste algún pariente o amigo en esos lances? Si no tienes a mal te rogamos que nos cuentes tu historia y que comiences por tu nombre, que todavía desconocemos.

Gran Alcínoo -responde el héroe-. 

Yo soy Ulises, el hijo de Laertes, el rey de Ítaca de cuyas azañas nos ha hablado el aedo. 

El silencio en la sala es total. La sorpresa y la admiración por quien tiene delante no puede ser mayor. El héroe agradecido ante lo que recibe decide narrales las muchas desventuras que le han tocado vivir desde que acabó la guerra de Troya. Diez años en donde se las ha tenido que ver con el cíclope Polifemo, con el odre de Eolo, con las sirenas, con Caribdis y Escila... Diez años en los que tuvo que descender al reino de los muertos,  perdió a toda su tripulación y estuvo prisionero de Circe, la hechicera que le ofreció la inmortalidad y él rechazó para volver a estar junto a los suyos...

Alcínoo profundamente impresionado le ofrece la mano de su bella hija Nausica pero el héroe rechaza a la bella princesa por el amor que siente hacia su querida esposa Penélope. 

Penélope en su telar 
de John William Waterhouse (1912)


Esa misma noche el rey cumplió su promesa y después de proveer a Ulises con todo lo necesario para realizar el viaje, ordenó a la tripulación que pusieran rumbo a la remota Ítaca.

Ulises por fin ponía rumbo a su hogar...


Continuará ...

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