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jueves, 11 de febrero de 2016

ESPECIAL SAN VALENTIN. MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Las tres historias de amor más bonitas de la mitología griega.

Para que os vayáis preparando para el domingo os dejo tres de las historias de amor más bonitas de la mitología griega. Como siempre para leerlas simplemente tenéis que pinchar en el título o en la imagen.

Buen día.

EROS Y PSIQUE: La historia de amor más bonita de toda la mitología griega

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APOLO Y DAFNE: Una historia de amor imposible
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jueves, 14 de enero de 2016

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises gana el concurso de tiro con arco. La victoria está mucho más cerca


Tras la gran emoción que supuso para Ulises volver a ver a Penélope después de más veinte años y tras lo cerca que había estado de ser descubierto (aquí) Ulises decidió retirarse hasta el día siguiente, pasando la noche al raso en el pórtico principal de su Palacio.

Al alba se despertó y volvió a encontrarse con el desprecio de aquellos que habían invadido su casa esperando llevarse también a su esposa.

-¿Todavía aquí molestando? 
¿No crees que ya es hora de que te marches?

Aunque realmente los pretendientes no tenían tiempo que perder con un simple mendigo. Penélope había decidido, por fin,  otorgar su mano y debían reunirse en el salón principal de Palacio para conocer quién era el elegido.


Uno a uno cada pretendiente fue llegando a un salón abarrotado por todas las personas que vivían en Palacio. Nadie se quería perder lo que allí iba a acontecer esa mañana. Penélope tras más de veinte años había decidido entregar su mano. Los nervios estaban a flor de piel, la expectación era máxima y la tensión reinaba en el ambiente.  Todos esperaban impacientes la llegada de Penélope y cuando por fin apareció no lo hizo sola. Venía acompañada de todo su séquito de doncellas que le ayudaban a portar un gran cofre en el que guardaba un muy preciado tesoro para ella: el arco de Ulises.


Buenos días pretendiente -dijo Penélope dirigiéndose al auditorio. Todos sabéis el motivo por el que hoy os he convocado así que no voy a dilatar más la incertidumbre. Hoy otorgaré mi mano y se la concederé a la persona que salga victoriosa del concurso de tiro con arco que vamos a celebrar.

La únicamente condición que pongo es que todos los particpiantes deberán utilizar el mismo arco durante la prueba. Este arco, el arco de mi amado y venerado Ulises.
El que consiga atravesar más rápidamente las anillas de las doce hachas será mi futuro marido.


Sin esperar ni un segundo su hijo Telémaco se levantó y reclamó su derecho a tirar la primera flecha:

Yo también participaré en el torneo. Si gano mi madre conservará esta casa y no tendrá que otorgar su mano a nadie.
Telémaco se quitó la capa, tensó el arco e intentó por tres veces pasar la flecha por la anilla de las hachas, pero no lo consiguió. Al cuarto intento por fin la flecha se dobló como debía. Ahora sí podía conseguirlo, pero su padre, desde lejos y con la mirada, le indicó que no debía.

Si Telémaco ganaba la vengaza de Ulises estaba en peligro.  

 

Así que mostrando decepción entregó el arco al siguiente participante. Uno a uno fueron pasando todos los pretendientes que durante años, como buitres, habían desvalijado el Palacio de Ulises y ninguno logró tensar suficientemente el arco para conseguir superar el reto. Incluso Eurímaco y Antinoo, los dos cabecillas no son lograron hacer pasar la flecha por las anillas. Desesperados y sin querer reconocer su incapacidad, pidieron aplazar el torneo hasta el día siguiente.



Y es en ese momento cuando Ulises alzó la voz y pidió participar.

Me gustaría saber si sigo manteniendo mi puntería por lo que desearía probar- dice Ulises.
Y, ¿si lo consigues Penélope deberá casarse con un méndigo?- exclama Antinoo entre las risas del resto de los pretendientes.



Con firmeza Telémaco se impone.

Es a mí a quien toca decidir si él participa o no. 

Dirigiéndose a su madre, le dice:

Madre debes salir de la sala. El arco es cosa de hombres.

Tras salir Penélope y todo su séquito de doncellas de la sala Telémaco dirige sus palabras hacia el fiel Eumeo.

Por favor, Eumeo, entrega el arco a nuestro huésped. Si quiere probar tiene todo el derecho a hacerlo.

 

Ulises toma el arco. La sensación de ese momento es indescriptible. De manera elegante y delicada lo observa, lo siente. Nada ha cambiado sigue siendo ese fiel compañero con el que ha conseguido la inmensa mayoría de sus victorias.  La madera sigue intacta y con la elasticidad suficiente para conseguir el difícil objetivo marcado por Penélope. Sin dilatar más el momento comienza a tensar el arco, golpea la cuerda y de ella sale un sonido seco, perfecto.  Es en ese momento cuando todos los presentes en la sala se dan cuanta que bajo ese pobre ser harapiento se esconde todo un experto arquero. Las carcajadas dan paso al silencio y Ulises lanza la flecha que una a una atraviesa las doce anillas.

Ulises acaba de proclamarse vencedor del concurso de tiro.

¿Qué pasará ahora? ¿Lo aceptarán los pretendientes? ¿Se conformarán?

Si os parece, os lo contamos el próximo jueves.




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viernes, 8 de enero de 2016

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Los 12 trabajos de Hércules

HeraclesHércules para los romanos, es el más célebre de todos los héroes griegos, paradigma de la fuerza, el coraje, el orgullo, el vigor... pero un ataque de locura, enviado por la diosa Hera, le hizo cometer un acto terrible en el que acabó con la vida de sus hijos. La penitencia por tan execrable acción le llegó de la mano de su mayor enemigo, Euristeo, ése que antes de nacer ya le había arrebatado su legítimo trono (aquí).

Hércules, para obtener el perdón, se convirtió en su esclavo y llevó a cabo toda una serie de pruebas conocidas como Los doce trabajos en los que tuvo que medir sus fuerzas con los mayores monstruos y peligros del mundo clásico. RZ100 Cuentos de boca os propone acercar la figura de Hércules a vuestros niños a partir de la adaptación en quince capítulos de las muchas aventuras y desventuras que le tocan vivir al héroe.

Quince fascinantes historias, quince fascinantes leyendas  que más de 3000 años después de haber sido escritas siguen cumpliendo perfectamente la función para la que se crearon: ilustrarnos de una manera amena sobre los vaivenes de la vida humana que os darán pie para hablar con nuestros chavales sobre los valores, virtudes, defectos o emociones... que en ellas están presentes y que siguen absolutamente vigentes.


Para acceder a cada uno de los trabajos simplemente pinchad en cada imagen.


Descripción
HÉRCULES, el más fuerte de cuantos héroes han existido
Descripción
Hércules el héroe que se convirtió en esclavo de su mayor enemigo
Descripción
Hércules y el León de Nemea, el primero de los 12 trabajos
Descripción
 HÉRCULES puede con la Hidra de Lerna.
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 HÉRCULES y la cierva de Cerinea. La gran virtud de la paciencia
Descripción
HÉRCULES y el jabalí de Erimanto
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HÉRCULES y los establos de augías
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HÉRCULES y los pájaros del lago Estínfalo
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HÉRCULES y el toro de Creta
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HÉRCULES y las yeguas de Diomedes
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HÉRCULES y el cinturón de Hipólita
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HÉRCULES y los bueyes de Gerión
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HÉRCULES y las manzanas de las Hespérides
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HÉRCULES y Can Cerbero
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La apoteosis de Hércules

viernes, 18 de diciembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Y Ulises se disfraza de mendigo para entrar en su Palacio.


A la mañana siguiente Ulises se acercó a su Palacio acompañado de Eumeo. En la entrada echado sobre un montón de estiércol, lleno de pulgas y abandonado, se encuentra un viejo perro. Es Argos, el perro que Ulises había dejado siendo un cachorro y que ahora veinte años después le reconoce pese a ir vestido como un mendigo.

Ulises observa a Argos. Éste mueve la cola y desea acercarse hasta Ulises, pero sus muchos años se lo impiden. Lanzando una última mirada a su amo, Argos cierra los ojos. Ulises con gran tristeza se despide de él.

Abandonado en el estiércol. Así es como han tratado a mí fiel Argos. Esto debe ser vengado. 



Ulises y Eumeo entran en Palacio. Allí en la gran sala de los banquetes  más de un centenar de jóvenes están atiborrándose de manjares y Ulises, como si toda su vida se hubiese dedicado a ello,  les acerca la mano pidiéndoles lismona. Todos se apiadan de él. Todos excepto Antinoo, el principal pretendiente, que enfurecido se vuelve a Eumeo y le dice:

Pero, cómo se te ocurre traer a semejante escoria a Palacio.
No ves que nos va a llenar de pulgas además de comerse nuestros manjares.



Ulises mira fijamente a Antinoo y le responde:

Cómo puedes ser tan ávaro, si tú eres el primero que estás tomando lo que no es tuyo.

Antinoo no puede creer lo que está escuchando. Un mendigo harapiento es capaz de meterse con él. Es capa de insultarlo. Esto no puede quedarse así.

Antinoo se levanta, coge uno de los taburetes y se lo lanza a Ulises dándole con toda la fuerza en el hombro.  
Ulises no replica. Haciendo alarde de sus nervios de acero decide no enfrentarse. A él, al vencedor de la Guerra de Troya, el héroe que ha podido con todos los peligros que se han puesto en su camino, le sería muy fácil derrotar a Antinoo, pero sabe que no es el momento. Aún no ha llegado la hora vengarse por lo que decide tragarse el orgullo, la ira  y seguir como si nada.



Pero no fue ésta la única persona que trato con desprecio al héroe. Melanto, una sirvienta engreída y desleal decide que ha llegado la hora de echar al mendigo:

Viejo harapiento, me puedes decir qué haces todavía aquí. Sal inmediatamente de la casa si no quieres que te echemos a golpes.



No había acabado de decir la malvada sirvienta estas palabras cuando en el salón apareció una mujer de gran belleza y prestancia. Ulises no podía creer lo que veía. Veinte años había soñado con ese momento. Era ella,  Penélope, su amada esposa, por la que los años no habían pasado. Su compañera, su amiga, su amante... La mujer con la que cada noche había soñado y que ahora, haciendo alarde de su dignidad, se acercó a Melanto diciéndole:

Cómo se te ocurre dirigirte así a un huésped mío.  Por favor que alguien traiga una silla y la coloque junto a la mía.

Penélope con toda su amabilidad intenta reparar la escasa hospitalidad que hasta ese momento habían tenido para con Ulises y señalándole con la mano la silla le invita a sentarse junto a ella.



Siento muchísimo el trato que te han dado pero desde que mi amado Ulises partió el Palacio ha sido tomado por estos jóvenes pretendientes que me presionan para que me case con ellos y así poder quedarse con todo, pero  no os creáis...

Penélope le cuenta a Ulises cómo hasta ese momento había logrado postergar la decisión, pues les había dicho que solamente se casaría el día que hubiese tejido la tela con la que enterrarían a su suegro. Los pretendientes habían aceptado el trato y así que ella desde hacía tres años dedicaba todos sus días a tejer y todas las noches a descoser lo tejido. Pero el engaño ya no iba a ser posible pues una sirviente le había traicionado...

Ulises conmovido con todo lo que escuchaba no pudo evitar consolar a Penélope.

Reina, le prometo que su marido está inmensamente orgulloso de usted y está mucho más cerca de lo que usted cree.



Penélope triste pero agradecida por el consuelo que el viejo mendigo le ha querido brindar con sus palabras, llama a su más leal sirvienta para que lave los pies al huésped.  Euriclea toma un barreño y obedece a su ama.

De repente, algo sorprende enormemente a esa vieja doncella que hace muchos años había sido nodriza de Ulises.

El huésped posee una cicatriz justo encima de la rodilla que ella conoce perfectamente. Solamente hay una persona en el mundo que tenga una semejante y esta persona es... 
 Ulises



Euriclea mira a Penélope y se dispone a revelar su secreto... cuando Ulises poniéndole un dedo en los labios le dice:

Si quieres que algún día las cosas vuelvan a ser lo que fueron debes guardar el secreto sino mi vida correrá peligro.

A lo que ella le contesta:

Estese muy tranquilo. No dude que su secreto está a salvo conmigo.

Y como si nada hubiese visto prosiguió lavando sus pies...


Continuará...



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viernes, 11 de diciembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Y Ulises por fin volvió a Ítaca.



Los remeros feacios dejaron a Ulises profundamente dormido bajo un olivo en la arena de la playa y sin dilación pusieron rumbo a su patria. Cuando Ulises se despertó desconocía dónde se hallaba, además una espesa niebla enviada por la diosa Atenea le hacía imposible situarse. Realmente creía que los feacios habían incumplido su promesa de llevarlo de vuelta a casa (aquí) y lo habían abandonado en cualquier isla desconocida.

Tras cerciorar de que todavía disponía de los muchos regalos con los que Alcínoo, el rey de los feacios, le había obsequiado,  Ulises decidió explorar la isla para ver si encontraba alguien que le pudiese decir a dónde había ido a parar en esta ocasión. 



No había andado doscientos metros cuando se topó con la diosa Atenea disfrazada de joven pastor.

Dime chico- le preguntó Ulises- Me podrías indicar dónde me encuentro. 
Debes de venir de tierras muy lejanas -le contestó la diosa- si desconoces que te encuentras Ítaca, una tierra conocida en lugares tan lejanos como la misma Troya.

Ulises no podía creer lo que había escuchado. 

Por fin estaba en su amada Ítaca.



Pese a la inmensa alegría que sentía nuestro héroe decidió ser prudente. Llevaba demasiado tiempo fuera de casa esperando este momento, veinte años para ser exactos y no sabía con lo que se iba encontrar. Era mejor, que antes de mostrar su verdadera identidad, descubriera que había sido de su familia, de sus amigos y por supuesto: 

Quién ocupaba su trono. 

Así que con toda la calma del mundo decidió inventarse una historia e intentar engañar a la diosa.

Por supuesto Ítaca. Claro que he oído hablar de ella. Es muy famosa en mi Creta natal...

Atenea no pudo evitar la sonrisa. Ulises era realmente bueno fingiendo otra identidad pero ella no estaba para perder el tiempo, así que decidió volver asumir su aspecto divino:

¡Ay! Ingenioso Ulises. Ya ves que no eres el único que sabe mentir. Realmente eres muy astuto y haces muy bien porque tus años de ausencia han hecho cambiar mucho las cosas. 



Y la diosa Atenea le relató el terrible estado en el que se encontraba su país.  Los sufrimientos de la pobre Penélope que había visto como su Palacio había sido tomado por los muchos pretendientos que osaban usurparle el trono. Una situación que ni su propio hijo Telémaco había sido capaz de evitar y acabó marchándose de su país para intentar obtener noticias de su padre.




Cuando Ulises escuchó tanta desgracia la alegría se transformó en tristeza e incapaz de saber cuál era la decidión correcta rogó a la diosa:

Por favor, señora, esta vez sí: 
Decidme lo que debo hacer. 
Ulises- le contestó Atenea- lo primero de todo es hacerte irreconocible.


En un instante la  diosa Atenea transformó a Ulises en un viejo harapiento llenó de arrugas semejante a un mendigo y le indicó:

Ahora mientras yo voy a buscar a tu hijo Telémaco tú te dirigirás hasta la granja de Eumeo, tu viejo porquero. En este  momento ya es un pobre anciano pero podrás comprobar que la lealtad hacia su amo Ulises sigue siendo infranqueable.



Y hacia allí se dirigió Ulises. En cuanto el viejo Eumeo vio acercase a  un mendigo de terrible aspecto no tuvo ninguna duda. Siguiendo las leyes de la hospitalidad griega le acogió en su casa amablemente y le ofreció vino y sabrosa comida.

Me encantaría poder ofrecerte un cerdo más hermoso pero esos odiosos pretendientes, que quieren usurpar el trono de mi amo, se los reservan. ¡Cómo añoró al gran Ulises!

Ulises encantado con la lealtad de Eumeo le dice: 

Por qué no me describes a ese buen hombre al que un día serviste. Seguro que si me lo he encontrado en alguno de mis viajes podré darte noticias suyas.

A lo que Eumeo respondió:

Cada extranjero que ha pasado por aquí ha inventado una historia sobre Ulises. De esa manera consiguen la simpatía de la pobre Penélope... Ya no creo nada.

Penélope y sus pretendientes (Waterhouse, 1912)


Ulises, que lo único que deseaba era hacer sentir bien a su leal amigo, le dice:
Te juro por todos los dioses del Olimpo que tu noble señor está vivo y que volverá a su casa y castigará a todos sus pretendientes.

Eumeo no creía nada de lo que ese viejo de aspecto harapiento le decía pero le escuchó cortesmente mientras seguían comiendo y relantando historias.

Eumeo, Odiseo y Telémaco. (Bonaventura Genelli (1798 - 1868))


Al cabo de unos días Telémaco volvió a Ítaca. Eumeo lo recibió con gran felicidad y se lo presentó al mendigo harapiento que había acogido en su casa dejándolos juntos mientras él partíaa Palacio para darle la buena nueva a Penélope.

En cuanto Eumeo se fue los perros que habían venido con Telémaco se escondieron en un rincón de la choza como si algo les asustase pero Telémaco,sentado en otro rincón y preocupado por las muchas dudas que rondaban en su cabeza, no les prestó ninguna atención. Al cabo de unos instantes Telémaco volvió nuevamente su vista hacia el mendigo y cuál no sería su sorpresa cuando descubre que el viejo harapiento se ha convertido en un robusto hombre de altiva mirada y ropas lujosas.

¿Quién eres tú? No te reconozco. Lo que acabas de hacer únicamente es digno de dioses.

No Telémaco no soy un Dios. Soy tu padre.



Os podéis figurar que la sorpresa del joven muchacho que incrédulo le responde:

Es imposible que tú seas mi padre... 
Por favor te lo ruego si no eres realmente Ulises no aumentes nuestro dolor con tamaño fingimiento. 
No miento Telémaco. No dudes de mi palabra. Yo soy Ulises.

El muchacho, con los ojos bañados por las lágrimas, abraza a su padre. Un abrazo largo, sentido como si en él se pudiesen compensar los años de ausencia. 




Pasado un tiempo, con las ánimos más clamados Ulises  le dice:

En pocos minutos mi aspecto volverá a ser el de antes. Mañana el fiel Eumeo me llevará a Palacio. Allí nadie me reconocerá, esa es mi intención. Probablemente los pretendientes me insulten. No pasa nada, no debes alterarte. Nadie debe saber que el anciano mendigo que se sienta en un rincón no es lo que parece.

Tú únicamente permanece alerta y cuando yo te de una señal...
Continuará...




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jueves, 26 de noviembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Los juegos Feacios, la última aventura de Ulises antes de regresar a Ítaca.

Llegada de Ulises al palacio de Alcinoo
 de Claude Lorrain (1600-1682)


Ulises siguiendo las indicación de la bella princesa Nausica llegó a Palacio (aquí). Tras admirar los alrededores se adentró en un magnífico edificio de mármol blanco lleno de columnas y patios. Era la residencia real y allí, en su salón principal, se hallaban cenando el rey y la reina con sus consejeros y doncellas.

Ulises avanzó hasta la reina y una vez la tuvo delante se arrodilló y le dijo:
Noble soberana. Ante vos me presento para solicitar vuestra ayuda y con ella regresar a mi patria. Son ya más de veinte los años que llevo vagando por el mundo y padeciendo infortunios.
Por favor, tened piedad de mí.



La reina Arete lo miró fijamente con ternura y apiadándose de él le dijo.
Pobre extranjero, si supiesemos de donde procedes sería mucho más sencillo ayudarte...

En ese mismo momento el rey Alcínoo interrumpió a su esposa para recordar una ley de suma importancia en la Antigua Grecia.

No te preocupes. No necesitamos saber de dónde procedes. En mi reino todo extranjero es bien recibido. Come, descansa y te prometo que, tras pasar esta noche entre nosotros, mañana dispondrás de todo lo necesario para volver a tu tierra.

Odiseo en la corte de Alcínoo 
de Francesco Hayez (1814 - 1815)


A la mañana siguiente el rey, tal y como había prometido a Ulises, mandó que tuviesen dispuesta una nave en el muelle principal de la ciudad. Pero antes de permitirle partir el rey Alcínoo decidió honrar a su misterioso huésped organizando una gran fiesta en su honor. 

Allí sentado en un lugar preferente y pensando que en pocas horas estaríajunto los suyos, Ulises observaba las habilidades de los mejores atletas feacios en disciplinas como la lucha, las carreras o el lanzamiento de disco.



Tras un tiempo compitiendo entre ellos, Euríalo al observar el fornido cuerpo de Ulises le invita a participar. El héroe rechaza la invitación. Está demasiado cansado e inquieto ante la cercanía de volver con los suyos.

Euríalo toma la negativa como una gran ofensa y le dice:

Tu rechazo indica que desconoces totalmente la nobleza de estos juegos. ¿Acaso en otro tiempo fuiste comerciante?

Ulises se levanta y herido en lo más profundo le dice al joven.

Has de saber que tus palabras son sumamente groseras. Por supuesto que los practique en la época feliz de mi juventud, antes que la guerra y los muchos viajes desventurados que me han tocado vivir mermaran mi fuerza. Pero ya que me has herido probaré si queda algo de mis antiguas destrezas. 

Y cogiendo uno de los discos de bronce más grandes y pesados lo lanzó con su fornido brazo superando todos los records que hasta ese momento habían conseguidos los discóbolos feacios. 




La sorpresa del público fue enorme, pero Ulises no contento con lo conseguido desafió a todos los jóvenes presentes.

Jóvenes feacios, si lo desean estoy dispuesto a medirme con cualquiera de ustedes en la disciplina que deseen. Desafíenme, no rechazaré a ningún adversario.

El silencio durante los siguientes minutos fue enorme siendo el propio rey quien lo interrumpió.

Extranjero entendemos perfectamente que estés herido. Las palabras de mi hijo Euríalo fueron muy poco afortundas pero has de saber que para nosotros los juegos son mucho más que una lucha de fuerzas. Dejémoslo estar así y disfrutemos de la cena mientras escuchamos cantar a Demódoco, nuestro aedo ciego.

 

En ese momento el poeta es llevado a la asamblea y acompañándose de su cítara comienza  a narrar las aventuras de un héroe de nombre Ulises gracias a cuyas arducias se consiguió vencer  la guerra de TRoya.

Ulises conmovido ante lo que escucha y con miedo a ser descubierto decide cubrir su rostro con un pañuelo mientras el aedo continúa narrando la manera las mil y una peripecias vividas dentro del caballo de Troya (aquí).

Demódoco cantando ante Ulises y Alcínoo
 de John Flaxman (1810)


La emoción de Ulises va en aumento hasta tal punto que es el propio rey quien se da cuenta de ello:

Hemos advertido que todo el relato de Troya te ha conmovido mucho. Dinos extranjero, ¿perdiste algún pariente o amigo en esos lances? Si no tienes a mal te rogamos que nos cuentes tu historia y que comiences por tu nombre, que todavía desconocemos.

Gran Alcínoo -responde el héroe-. 

Yo soy Ulises, el hijo de Laertes, el rey de Ítaca de cuyas azañas nos ha hablado el aedo. 

El silencio en la sala es total. La sorpresa y la admiración por quien tiene delante no puede ser mayor. El héroe agradecido ante lo que recibe decide narrales las muchas desventuras que le han tocado vivir desde que acabó la guerra de Troya. Diez años en donde se las ha tenido que ver con el cíclope Polifemo, con el odre de Eolo, con las sirenas, con Caribdis y Escila... Diez años en los que tuvo que descender al reino de los muertos,  perdió a toda su tripulación y estuvo prisionero de Circe, la hechicera que le ofreció la inmortalidad y él rechazó para volver a estar junto a los suyos...

Alcínoo profundamente impresionado le ofrece la mano de su bella hija Nausica pero el héroe rechaza a la bella princesa por el amor que siente hacia su querida esposa Penélope. 

Penélope en su telar 
de John William Waterhouse (1912)


Esa misma noche el rey cumplió su promesa y después de proveer a Ulises con todo lo necesario para realizar el viaje, ordenó a la tripulación que pusieran rumbo a la remota Ítaca.

Ulises por fin ponía rumbo a su hogar...


Continuará ...

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