viernes, 2 de octubre de 2015

ARTE PARA NIÑOS: El Impresionismo al alcance de los más pequeños



¿Qué representa esta tela? [...] ¿Impresión? Impresión, estoy seguro; puesto que me siento impresionado, debe haber cierta impresión ahí dentro…! [...] ¡El papel pintado… está aún más acabado que esta marina!
Louis Leroy 

Esta cita, tan poco afortunada, extraída del artículo Exposición de los impresionistas fue publicada el 25 de abril de 1874 en Le Charivari. La firmó Louis Leroy, un pintor, grabador además de dramaturgo y periodista cuya gloria precisamente le viene de estas palabras, que lejos de herir y ridiculizar, sirvieron para bautizar una nueva manera de concebir la pintura, un nuevo estilo. Con ellas se ponía nombre al Impresionismo, el primero de los movimientos de vanguardia que surgen a mediados del siglo XIX y que supone, como toda vanguardia, una reacción, una ruptura con la manera de hacer tradicional. El cuadro en cuestión, ese que tanto "había impresionado" al poco visionario Louis Leroy, era Impresión, sol naciente de Claude Monet




Impresión, sol naciente. Claude Monet (1873)


La verdad es que las novedad que presenta la obra, mirándola desde el prisma academicista de la época, son muchas, por lo que no debe extrañarnos la reacción del crítico. Demasiadas convenciones artísticas habían sido transgredidas, para que la respuesta fuera moderada. Parece que se confirma un curioso axioma: a mayor poder de innovación y libertad, mayor y más feroz crítica, que en el futuro se demostrará equivocada.



EL INSTANTE


Cuanto más viejo me hago más cuenta me doy de que hay que trabajar mucho para reproducir lo que busco: lo instantáneoLa influencia de la atmósfera sobre las cosas y la luz esparcida por todas partes
Claude Monet




Probablemente, lo primero que llamó la atención de este buen señor es que el cuadro a sus ojos no era más que un esbozo realizado con unas pinceladas muy sueltas, tanto que si lo miraba de cerca nada estaba definido.  Monet no tenía ningún interés de dedicar su tiempo a plasmar con exactitud el detalle, de ahí que en Impresión, sol naciente las barcas sean representadas como simple manchas negras y los fondos industriales del puerto de Le Havre están resueltos con nerviosos trazos grises.  La búsqueda de Monet se concentra en otra realidad y para darnos cuenta de ello debemos alejarnos del cuadro. Al hacerlo esas manchas, esas pinceladas sueltas irán tomando cuerpo y dando forma a un todo unitario que capta un instante, un fugaz momento de la realidad: ese segundo en el que la luz del sol se refleja de esa precisa manera sobre el agua. Más que el detalle, captamos el movimiento y la inexactitud de nuestra percepción en el tiempo.


Monet no tiene ninguna intención de ser preciso con los objetos lo que realmente le interesa es captar la impresión que ello ha provocado en su retina. De ahí que la luz sea la gran protagonista del cuadro. Esa luz del amanecer tomada desde el momento en que sale el sol tras la neblina de la mañana.



CAPTACIÓN DE LA LUZ

Intentar captar la manera en que la luz incide sobre el paisaje se va a convertir en una obsesión para Monet. Hasta el punto que le veremos pintar un mismo cuadro una y otra vez, desde el mismo sitio, desde mismo ángulo... lo que cambia es el momento del día en que va a ser pintado para así poder captar los cambios que la luz ejerce sobre esas representaciones.


Entre 1892 y 1894 Monet alquila uno de los balcones que dan a la fachada occidental de la catedral de Rouen. Allí durante dos años -primeramente desde un balcón del segundo piso del nº 23 de la Plaza de la catedral, más tarde desde el número 81 de la rue Grand-Pont- se dedicó a pintar la misma vista una y otra vez, mostrándonos en 31 lienzos la manera en que las variaciones climáticas, atmosféricas y luminosas influían en un objeto. La piedra de la catedral se teñirá de suaves azules en los lienzos creados por la mañana; ocres y dorados  en aquellos que están pintados a pleno sol o castaños y grises en los días nublados. Pero la catedral, el objeto en sí, a pesar a su magnificencia y belleza dejará de tener importancia.

Para Monet la catedral no va a ser más que un fondo, una excusa, para mostrar al auténtico protagonista de la composición: la capacidad de la pintura de representar la cualidad dinámica de la luz y el ambiente, que es capaz de dar vida a algo tan pétreo e inanimado como la imponente fachada de la catedral gótica.

Como dijo su buen amigo el escritor Georges Clemenceau:

Monet consigue que hasta las piedras cobren vida.


Almiar, puesta de sol. (1891)


No era, ni sería la última vez que Monet dedica todos sus esfuerzo a representar un mismo motivo pictórico en distintos momentos para observar los cambios causados por la luz natural. Entre 1890 y 1891 llevó a cabo una serie de 15 lienzos representando unos almiares en las afueras de su amado Giverny. Nuevamente el mismo objeto se representaba en diferentes momentos y condiciones: a pleno sol, al amanecer o en el ocaso, a finales del verano, en pleno invierno o en el deshielo.

Una serie que impresionó de tal manera a Wassily Kandinsky, que éste le confirió el honor de ser la primera obra abstracta de la pintura:

"Y de pronto, por primera vez, vi un cuadro.
Leí en el catálogo que se trataba de un montón de heno,
pero yo no podía reconocerlo
(.) Me di cuenta de que faltaba el objeto del cuadro (.)
Lo que tenía perfectamente presente era la insospechada
y hasta entonces oculta fuerza de la paleta"




PINTAMOS AL NATURAL


Esta obsesión por captar el instante, por recoger la manera determinada en que la luz influye en el ambiente hace que los impresionistas dejen el taller para salir afuera y pintar á plein air (al aire libre). Un cambio que es posible gracias a:

  • La comercialización de productos y complementos de pintura que facilita a los pintores salir del estudio pues el transporte de todos los utensilios necesarios para llevar a cabo la tarea de pintar se vuelve mucho más sencillo. Sin los avances en la fabricación industrial de tubos de colores, pinceles, lienzos, caballetes con patas telescópicas y caja para portar pinturas hubiera sido imposible pintar á plein air. Como dijo Renoir:
Los tubos de colores al óleo, fácilmente transportables, nos permitieron pintar del natural. Sin tubos… no hubiese habido Impresionismo.

  • Los artistas van a ser libres a la hora de elegir sus temas. Ya no tiene que pintar para esa institución que les da de comer. Los encargos dejan de marcar el tema para ser el artistas el que tiene la capacidad total de elegir que quiere llevar al lienzo convirtiéndose el paisaje sea del tipo que sea en el tema preferido.




El pintor impresionista sale al encuentro de la naturaleza y de la luz natural. Hasta mediados de siglo, los pintores trabajaban en su taller; iluminando con una luz de interior sus modelos; imaginando escenas de acontecimientos del pasado o mitológicos. Si tomaban un motivo directamente de la naturaleza, hacían un boceto rápido y lo pasaban a la tela en su estudio. El primer paso hacia un contacto directo con la naturaleza lo darán los paisajistas ingleses y en ese contacto descubren lo cambiante que es la natiraleza; las variaciones de la luz con el correr de las horas; lo momentáneo y pasajero de una escena y la posibilidad de captar ese momento en la tela.




Los impresionistas dejan de lado todo motivo del pasado, todo tema trascendente; su inspiración está en cualquier tipo de modelo real y existente. El pintor y la realidad, frente a frente, a la luz del día. 


 
GYVERNY



Pero para Monet hay un paisaje preferido y ese está en Normandía, en concreto en Gyverny, un pequeño pueblo de apenas 300 habitantes que llamó la antención de Monet con cuarenta y tres años y en el que fijaría su residencia, junto a sus hijos y su futura esposa, hasta su muerte cuarenta y tres años después.

Allí en principio de alquiler y, cuando la economía mejora gracias a la venta de sus cuadros, como propietario vive en la casa de monsieur Singeot. Pronto comienza a cultivar un maravilloso jardín lleno de plantas exóticas que trae de diferentes lugares del mundo que convertirá, con bastante oposición por parte de sus vecinos quienes creen que las nuevas especies envenenarán a sus animales, en su gran musa, en la fuente de inspiración de sus mejores obras.




Es en ese jardín donde tras muchos y complicados requisitos administrativos, consiguió montar un estanque asimétrico y exótico, desviando el curso del río Epte. Fascinado por el arte de Japón allí mandó construir un puente que atraviesa dicho estanque. ¿Os suena?




Os dejo dos videos con los que podéis mostrar a vuestros chavales esta maravilla. El primero es un video perfecto para presentar la figura de Monet y nace a partir de Linnea en el jardín de Monet, un libro publicado en castellano por Serres que tratan de acercar el arte a los más pequeños de una manera diferente. 





Bastante menos interesante el segundo video, pero está en castellano y os muestra este maravilloso lugar que tanto inspiró a Claude Monet.






PROPUESTAS DIDÁCTICAS


Presentado Monet y el Impresionismo la pregunta del millón, ¿cómo lo trabajamos con nuestros alumnos para que sea interesante? Pues pintando un cuadro impresionista. Cada uno sabrá qué de lo arriba expuesto puede comentar con su clase. Lo que sí creo es que desde la práctica puede ser mucho más sencillo para ellos entender cuales fueron algunas de las principales aportaciones que nos trajeron los impresionistas.


  1. Lo primero que yo haría es salir  al jardín del colegio y elegir el objeto a pintar: una flor, una planta, una rama... Lo que ellos prefieran. 
  2. Tras la elección y la observación del objeto llega el momento de  pintarlo  como si fuesemos impresionistas. ¿Qué significa esto para los niños? Pues que no importa tanto  el detalle y la precisión, en este caso se tienen que fijar más  en la forma y el color.  Y oara ello una buena forma es dejar de lado nuestros lápices y comenzar a investigar cómo pintar esa flor con diferentes utensilios: desde los dedos al pincel pasando por las esponjas o los bastoncillos de algodón... Todo lo que se os ocurra debería ser probado para que ellos descubran los  efectos que pueden conseguir. 
  3. Experimentada la técnica es el momento de pintar el cuadro. Por supuesto si podéis cargaos con todos los utensilios, salid al patio y pintad á plein air. Dos cosas que suelen servir: es más fácil para ellos trabajar esta propuesta en un formato mayor que A4 y cuando se agobien porque no ven nada, porque no hay ningún detalle, decidles que se separen de la hoja y tomen distancia para disfrutar de lo pintado desde una perpectiva diferente.


Por supuesto está no es la única manera de presentárselo. Pinchando en los siguientes enlaces encontraréis otras opciones prácticas que también os puede interesar. En ambas recrean el famoso puente japonés del jardín de Monet (ejemplo1) y (ejemplo2)



Espero que os sirva. Ya me contaréis. Por si todavía les quedan ganas pinchando aquí accederéis a una página en donde hay algunos juegos de memoria visual, rompecabezas, adivinanzas... sobre el Impresionismo y un precioso video en el que vemos a Monet pintando en su jardín de Gyverny.





Si os ha gustado, en el siguiente enlace podéis ver los estilos que hasta el momento hemos trabajado en esta sección con la que pretendemos ampliar el imaginario de nuestros niños poniendo las artes plásticas del s. XX a su alcance.








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