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viernes, 5 de febrero de 2016

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises y Penélope, el reencuentro más esperado. La Odisea llega a su fin.



Tras proclamarse vencedor del concurso de tiro con arco (aquí) Ulises dirigió una nueva flecha hacia Antínoo, quien se hallaba en una mesa disfrutando de su copa.

-¡Ahora seréis testigos de cómo mi arco alcanza otro importante objetivo!-
Ulises dirigió su flecha hacia cuello de Antínoo quien en un segundo cayó desplomado con la flecha atravesándole la garganta. Los pretendientes no podían creer lo que acaba de suceder. El mendigo había matado a uno de sus jefes.

Miserable mendigo. Has matado a nuestro jefe, Antínoo -gritaban enfurecidos


Semejante ofensa no podía quedar así. Debía ser vengada por lo que rápidamente los pretendientes fueron a descolgar sus armas de las paredes. Pero la sorpresa que les esperaba era todavía mayor: los muros estaban vacíos. Desesperados, sus ojos recorrían la sala una y otra vez, pero no había duda.

Alguien les había quitado sus armas, les había dejado desarmados.

Ulises disfruta del momento.

Creísteis que nunca volvería. Pues aquí estoy para vengarme de cada uno de vosotros. Para vengarme de aquellos que en mi ausencia se han metido en la cama de mis criadas y han cortejado a mi esposa. Para vengarme de quienes  han querido usurparme mi casa, mi reino.
Vuestro destino va a ser el mismo que el de vuestro jefe Antínoo.



El terror comienza a asomar en los rostros de cada uno de los pretendientes. Saben que la lucha que les espera va a ser terrible. Todos entran en batalla. Las flechas, las espadas, las jabalinas, las mesas como escudo... todo lo que es podáis imaginar vuela por la sala. Es una lucha a muerte, sin posibilidad de redención.

Tras unos minutos los cuerpos comienzan a caer al suelo, la sangre empieza a mancharlo todo... Es entonces cuando la diosa Atenea decide acudir en ayuda de Ulises y suyos, convirtiéndose primero en escudo que impide a las flechas de los pretendientes dar en el blanco y más tarde en siniestra sombra que atemoriza al bando rival y le hace dispersarse por la sala corriendo cual rebaño, momento que Ulises utiliza para saltar sobre los que quedaban.



El combate ha terminado. Ulises ha ganado, ahora tocaba retirar los cuerpos y limpiar la sala para poder presentarse frente a Penélope y que ella le reconozca como su marido.

Cuando todo esta dispuesto hace su aparición en la sala la bella Penélope. La hace cabizbaja y pensativa pues no  quiere creer lo que sus sirvientas le vienen anunciando.

Es demasiado grande el miedo que tiene la reina a que  alguien le juegue otra mala pasada y se haga pasar por Ulises.
Ulises nota la desconfianza y la entiende. Penélope necesita tiempo y una prueba para volver a creer y él se la va a dar.

Dirigiéndose a la nodriza le dice:

Nodriza, por favor prepárame un lecho donde pueda pasar la noche pues esta reina  ha decidido que pese a llevar veinte años separada de su marido dormirá sola.

Al oír las palabras de Ulises, Penélope sonríe. El mendigo convertido en apuesto caballero le acababa de dar la posibilidad de someterlo a una prueba definitiva que le hará saber si está frente a Ulises. Así que dirigiéndose a la nodriza le dice:

Haz lo que él te pide. Prepárale una habitación fuera de la cámara nupcial pero saca de ella la cama que allí se encuentra.

Ulises acababa de comprender el plan de Penélope y sonríe para sus adentros. Sigue siendo la misma reina inteligente y bella de la que se enamoró hace muchos años, pero fingiendo estar enojado le dice:

Cómo se te ocurre semejante idea. No recuerdas que fui yo quien tallo esa cama con la madera de un tronco de olivo enraizado y vivo. Tampoco recuerdas que alrededor de ella levanté las paredes.

Es imposible sacar esa cama de  nuestro lecho nupcial. Ni cortando el tronco sería posible.

La felicidad de Penélope es tan grande que cree desfallecer. Solamente Ulises conocía el secreto de su lecho... Ulises, su amor, su amigo, su compañero ha vuelto. Tenían mucho que contarse pero ya habrá tiempo. Ahora es el momento de disfrutar por fin el uno del otro. 

Ulises tras más de veinte años ha recuperado su hogar. 


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jueves, 14 de enero de 2016

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises gana el concurso de tiro con arco. La victoria está mucho más cerca


Tras la gran emoción que supuso para Ulises volver a ver a Penélope después de más veinte años y tras lo cerca que había estado de ser descubierto (aquí) Ulises decidió retirarse hasta el día siguiente, pasando la noche al raso en el pórtico principal de su Palacio.

Al alba se despertó y volvió a encontrarse con el desprecio de aquellos que habían invadido su casa esperando llevarse también a su esposa.

-¿Todavía aquí molestando? 
¿No crees que ya es hora de que te marches?

Aunque realmente los pretendientes no tenían tiempo que perder con un simple mendigo. Penélope había decidido, por fin,  otorgar su mano y debían reunirse en el salón principal de Palacio para conocer quién era el elegido.


Uno a uno cada pretendiente fue llegando a un salón abarrotado por todas las personas que vivían en Palacio. Nadie se quería perder lo que allí iba a acontecer esa mañana. Penélope tras más de veinte años había decidido entregar su mano. Los nervios estaban a flor de piel, la expectación era máxima y la tensión reinaba en el ambiente.  Todos esperaban impacientes la llegada de Penélope y cuando por fin apareció no lo hizo sola. Venía acompañada de todo su séquito de doncellas que le ayudaban a portar un gran cofre en el que guardaba un muy preciado tesoro para ella: el arco de Ulises.


Buenos días pretendiente -dijo Penélope dirigiéndose al auditorio. Todos sabéis el motivo por el que hoy os he convocado así que no voy a dilatar más la incertidumbre. Hoy otorgaré mi mano y se la concederé a la persona que salga victoriosa del concurso de tiro con arco que vamos a celebrar.

La únicamente condición que pongo es que todos los particpiantes deberán utilizar el mismo arco durante la prueba. Este arco, el arco de mi amado y venerado Ulises.
El que consiga atravesar más rápidamente las anillas de las doce hachas será mi futuro marido.


Sin esperar ni un segundo su hijo Telémaco se levantó y reclamó su derecho a tirar la primera flecha:

Yo también participaré en el torneo. Si gano mi madre conservará esta casa y no tendrá que otorgar su mano a nadie.
Telémaco se quitó la capa, tensó el arco e intentó por tres veces pasar la flecha por la anilla de las hachas, pero no lo consiguió. Al cuarto intento por fin la flecha se dobló como debía. Ahora sí podía conseguirlo, pero su padre, desde lejos y con la mirada, le indicó que no debía.

Si Telémaco ganaba la vengaza de Ulises estaba en peligro.  

 

Así que mostrando decepción entregó el arco al siguiente participante. Uno a uno fueron pasando todos los pretendientes que durante años, como buitres, habían desvalijado el Palacio de Ulises y ninguno logró tensar suficientemente el arco para conseguir superar el reto. Incluso Eurímaco y Antinoo, los dos cabecillas no son lograron hacer pasar la flecha por las anillas. Desesperados y sin querer reconocer su incapacidad, pidieron aplazar el torneo hasta el día siguiente.



Y es en ese momento cuando Ulises alzó la voz y pidió participar.

Me gustaría saber si sigo manteniendo mi puntería por lo que desearía probar- dice Ulises.
Y, ¿si lo consigues Penélope deberá casarse con un méndigo?- exclama Antinoo entre las risas del resto de los pretendientes.



Con firmeza Telémaco se impone.

Es a mí a quien toca decidir si él participa o no. 

Dirigiéndose a su madre, le dice:

Madre debes salir de la sala. El arco es cosa de hombres.

Tras salir Penélope y todo su séquito de doncellas de la sala Telémaco dirige sus palabras hacia el fiel Eumeo.

Por favor, Eumeo, entrega el arco a nuestro huésped. Si quiere probar tiene todo el derecho a hacerlo.

 

Ulises toma el arco. La sensación de ese momento es indescriptible. De manera elegante y delicada lo observa, lo siente. Nada ha cambiado sigue siendo ese fiel compañero con el que ha conseguido la inmensa mayoría de sus victorias.  La madera sigue intacta y con la elasticidad suficiente para conseguir el difícil objetivo marcado por Penélope. Sin dilatar más el momento comienza a tensar el arco, golpea la cuerda y de ella sale un sonido seco, perfecto.  Es en ese momento cuando todos los presentes en la sala se dan cuanta que bajo ese pobre ser harapiento se esconde todo un experto arquero. Las carcajadas dan paso al silencio y Ulises lanza la flecha que una a una atraviesa las doce anillas.

Ulises acaba de proclamarse vencedor del concurso de tiro.

¿Qué pasará ahora? ¿Lo aceptarán los pretendientes? ¿Se conformarán?

Si os parece, os lo contamos el próximo jueves.




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viernes, 18 de diciembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Y Ulises se disfraza de mendigo para entrar en su Palacio.


A la mañana siguiente Ulises se acercó a su Palacio acompañado de Eumeo. En la entrada echado sobre un montón de estiércol, lleno de pulgas y abandonado, se encuentra un viejo perro. Es Argos, el perro que Ulises había dejado siendo un cachorro y que ahora veinte años después le reconoce pese a ir vestido como un mendigo.

Ulises observa a Argos. Éste mueve la cola y desea acercarse hasta Ulises, pero sus muchos años se lo impiden. Lanzando una última mirada a su amo, Argos cierra los ojos. Ulises con gran tristeza se despide de él.

Abandonado en el estiércol. Así es como han tratado a mí fiel Argos. Esto debe ser vengado. 



Ulises y Eumeo entran en Palacio. Allí en la gran sala de los banquetes  más de un centenar de jóvenes están atiborrándose de manjares y Ulises, como si toda su vida se hubiese dedicado a ello,  les acerca la mano pidiéndoles lismona. Todos se apiadan de él. Todos excepto Antinoo, el principal pretendiente, que enfurecido se vuelve a Eumeo y le dice:

Pero, cómo se te ocurre traer a semejante escoria a Palacio.
No ves que nos va a llenar de pulgas además de comerse nuestros manjares.



Ulises mira fijamente a Antinoo y le responde:

Cómo puedes ser tan ávaro, si tú eres el primero que estás tomando lo que no es tuyo.

Antinoo no puede creer lo que está escuchando. Un mendigo harapiento es capaz de meterse con él. Es capa de insultarlo. Esto no puede quedarse así.

Antinoo se levanta, coge uno de los taburetes y se lo lanza a Ulises dándole con toda la fuerza en el hombro.  
Ulises no replica. Haciendo alarde de sus nervios de acero decide no enfrentarse. A él, al vencedor de la Guerra de Troya, el héroe que ha podido con todos los peligros que se han puesto en su camino, le sería muy fácil derrotar a Antinoo, pero sabe que no es el momento. Aún no ha llegado la hora vengarse por lo que decide tragarse el orgullo, la ira  y seguir como si nada.



Pero no fue ésta la única persona que trato con desprecio al héroe. Melanto, una sirvienta engreída y desleal decide que ha llegado la hora de echar al mendigo:

Viejo harapiento, me puedes decir qué haces todavía aquí. Sal inmediatamente de la casa si no quieres que te echemos a golpes.



No había acabado de decir la malvada sirvienta estas palabras cuando en el salón apareció una mujer de gran belleza y prestancia. Ulises no podía creer lo que veía. Veinte años había soñado con ese momento. Era ella,  Penélope, su amada esposa, por la que los años no habían pasado. Su compañera, su amiga, su amante... La mujer con la que cada noche había soñado y que ahora, haciendo alarde de su dignidad, se acercó a Melanto diciéndole:

Cómo se te ocurre dirigirte así a un huésped mío.  Por favor que alguien traiga una silla y la coloque junto a la mía.

Penélope con toda su amabilidad intenta reparar la escasa hospitalidad que hasta ese momento habían tenido para con Ulises y señalándole con la mano la silla le invita a sentarse junto a ella.



Siento muchísimo el trato que te han dado pero desde que mi amado Ulises partió el Palacio ha sido tomado por estos jóvenes pretendientes que me presionan para que me case con ellos y así poder quedarse con todo, pero  no os creáis...

Penélope le cuenta a Ulises cómo hasta ese momento había logrado postergar la decisión, pues les había dicho que solamente se casaría el día que hubiese tejido la tela con la que enterrarían a su suegro. Los pretendientes habían aceptado el trato y así que ella desde hacía tres años dedicaba todos sus días a tejer y todas las noches a descoser lo tejido. Pero el engaño ya no iba a ser posible pues una sirviente le había traicionado...

Ulises conmovido con todo lo que escuchaba no pudo evitar consolar a Penélope.

Reina, le prometo que su marido está inmensamente orgulloso de usted y está mucho más cerca de lo que usted cree.



Penélope triste pero agradecida por el consuelo que el viejo mendigo le ha querido brindar con sus palabras, llama a su más leal sirvienta para que lave los pies al huésped.  Euriclea toma un barreño y obedece a su ama.

De repente, algo sorprende enormemente a esa vieja doncella que hace muchos años había sido nodriza de Ulises.

El huésped posee una cicatriz justo encima de la rodilla que ella conoce perfectamente. Solamente hay una persona en el mundo que tenga una semejante y esta persona es... 
 Ulises



Euriclea mira a Penélope y se dispone a revelar su secreto... cuando Ulises poniéndole un dedo en los labios le dice:

Si quieres que algún día las cosas vuelvan a ser lo que fueron debes guardar el secreto sino mi vida correrá peligro.

A lo que ella le contesta:

Estese muy tranquilo. No dude que su secreto está a salvo conmigo.

Y como si nada hubiese visto prosiguió lavando sus pies...


Continuará...



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jueves, 26 de noviembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Los juegos Feacios, la última aventura de Ulises antes de regresar a Ítaca.

Llegada de Ulises al palacio de Alcinoo
 de Claude Lorrain (1600-1682)


Ulises siguiendo las indicación de la bella princesa Nausica llegó a Palacio (aquí). Tras admirar los alrededores se adentró en un magnífico edificio de mármol blanco lleno de columnas y patios. Era la residencia real y allí, en su salón principal, se hallaban cenando el rey y la reina con sus consejeros y doncellas.

Ulises avanzó hasta la reina y una vez la tuvo delante se arrodilló y le dijo:
Noble soberana. Ante vos me presento para solicitar vuestra ayuda y con ella regresar a mi patria. Son ya más de veinte los años que llevo vagando por el mundo y padeciendo infortunios.
Por favor, tened piedad de mí.



La reina Arete lo miró fijamente con ternura y apiadándose de él le dijo.
Pobre extranjero, si supiesemos de donde procedes sería mucho más sencillo ayudarte...

En ese mismo momento el rey Alcínoo interrumpió a su esposa para recordar una ley de suma importancia en la Antigua Grecia.

No te preocupes. No necesitamos saber de dónde procedes. En mi reino todo extranjero es bien recibido. Come, descansa y te prometo que, tras pasar esta noche entre nosotros, mañana dispondrás de todo lo necesario para volver a tu tierra.

Odiseo en la corte de Alcínoo 
de Francesco Hayez (1814 - 1815)


A la mañana siguiente el rey, tal y como había prometido a Ulises, mandó que tuviesen dispuesta una nave en el muelle principal de la ciudad. Pero antes de permitirle partir el rey Alcínoo decidió honrar a su misterioso huésped organizando una gran fiesta en su honor. 

Allí sentado en un lugar preferente y pensando que en pocas horas estaríajunto los suyos, Ulises observaba las habilidades de los mejores atletas feacios en disciplinas como la lucha, las carreras o el lanzamiento de disco.



Tras un tiempo compitiendo entre ellos, Euríalo al observar el fornido cuerpo de Ulises le invita a participar. El héroe rechaza la invitación. Está demasiado cansado e inquieto ante la cercanía de volver con los suyos.

Euríalo toma la negativa como una gran ofensa y le dice:

Tu rechazo indica que desconoces totalmente la nobleza de estos juegos. ¿Acaso en otro tiempo fuiste comerciante?

Ulises se levanta y herido en lo más profundo le dice al joven.

Has de saber que tus palabras son sumamente groseras. Por supuesto que los practique en la época feliz de mi juventud, antes que la guerra y los muchos viajes desventurados que me han tocado vivir mermaran mi fuerza. Pero ya que me has herido probaré si queda algo de mis antiguas destrezas. 

Y cogiendo uno de los discos de bronce más grandes y pesados lo lanzó con su fornido brazo superando todos los records que hasta ese momento habían conseguidos los discóbolos feacios. 




La sorpresa del público fue enorme, pero Ulises no contento con lo conseguido desafió a todos los jóvenes presentes.

Jóvenes feacios, si lo desean estoy dispuesto a medirme con cualquiera de ustedes en la disciplina que deseen. Desafíenme, no rechazaré a ningún adversario.

El silencio durante los siguientes minutos fue enorme siendo el propio rey quien lo interrumpió.

Extranjero entendemos perfectamente que estés herido. Las palabras de mi hijo Euríalo fueron muy poco afortundas pero has de saber que para nosotros los juegos son mucho más que una lucha de fuerzas. Dejémoslo estar así y disfrutemos de la cena mientras escuchamos cantar a Demódoco, nuestro aedo ciego.

 

En ese momento el poeta es llevado a la asamblea y acompañándose de su cítara comienza  a narrar las aventuras de un héroe de nombre Ulises gracias a cuyas arducias se consiguió vencer  la guerra de TRoya.

Ulises conmovido ante lo que escucha y con miedo a ser descubierto decide cubrir su rostro con un pañuelo mientras el aedo continúa narrando la manera las mil y una peripecias vividas dentro del caballo de Troya (aquí).

Demódoco cantando ante Ulises y Alcínoo
 de John Flaxman (1810)


La emoción de Ulises va en aumento hasta tal punto que es el propio rey quien se da cuenta de ello:

Hemos advertido que todo el relato de Troya te ha conmovido mucho. Dinos extranjero, ¿perdiste algún pariente o amigo en esos lances? Si no tienes a mal te rogamos que nos cuentes tu historia y que comiences por tu nombre, que todavía desconocemos.

Gran Alcínoo -responde el héroe-. 

Yo soy Ulises, el hijo de Laertes, el rey de Ítaca de cuyas azañas nos ha hablado el aedo. 

El silencio en la sala es total. La sorpresa y la admiración por quien tiene delante no puede ser mayor. El héroe agradecido ante lo que recibe decide narrales las muchas desventuras que le han tocado vivir desde que acabó la guerra de Troya. Diez años en donde se las ha tenido que ver con el cíclope Polifemo, con el odre de Eolo, con las sirenas, con Caribdis y Escila... Diez años en los que tuvo que descender al reino de los muertos,  perdió a toda su tripulación y estuvo prisionero de Circe, la hechicera que le ofreció la inmortalidad y él rechazó para volver a estar junto a los suyos...

Alcínoo profundamente impresionado le ofrece la mano de su bella hija Nausica pero el héroe rechaza a la bella princesa por el amor que siente hacia su querida esposa Penélope. 

Penélope en su telar 
de John William Waterhouse (1912)


Esa misma noche el rey cumplió su promesa y después de proveer a Ulises con todo lo necesario para realizar el viaje, ordenó a la tripulación que pusieran rumbo a la remota Ítaca.

Ulises por fin ponía rumbo a su hogar...


Continuará ...

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viernes, 20 de noviembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises y la bella Nausica. El héroe por fin llega a la isla de los feacios.



Tras abandonar con el beneplácito de los dioses la isla de Ogigia, Ulises vuelve hacerse a la mar (aquí). Parece que su adora Ítaca está mucho más cerca aunque pronto se da cuenta que Poseidón va a volver a complicarle la vida. Por mucho que Zeus haya decidido que ha llegado el momento de que Ulises regrese a Ítaca, Poseidón no está dispuesto a olvidar tan fácilmente el agravio que éste cometió con su hijo Polifemo (aquí). Así que vuelve a coger su tridente para agitar el mar y alterar a los vientos.

No es una sorpresa para Ulises. Calipso ya se lo anunció al abandonar su isla:

Tu sufrimiento aún no ha terminado. Si supieses todas las calamidades que todavía te tocarán vivir te quedarías conmigo.



Poseidón desencadenó una terrible tormenta que zarandeaban la balsa de Ulises como si de una cáscara de nuez se tratase. El mástil, la vela... todo acaba quebrándose para finalmente ser arrojado lejos de la balsa. Ulises lucha desesperadamente con las olas. Los vientos lo empujan, parecen jugar con él pasándoselo de uno a otro como se hace con una pelota. La situación es absolutamente desesperada pero nuevamente un dios, en este caso una diosa vuelve apiadarse de él. Es Ino, la diosa marina que acude en su ayuda.

Infeliz si continúas así jamás sobrevivirás. Haz lo que yo te diga y podrás volver a tu casa. Quítate tus pesados ropajes, abandona definitivamente tu balsa y ve nadando hasta la isla de los feacios. Pero antes de nada debes atarte este velo divino que te entrego. Él te protegerá de todos los males que Poseidón te envíe.

Lo único que te pido es que cuando llegues a tierra firme lances el velo al mar sin tan siquiera mirarlo.

Dichas estas palabrsa la diosa Ino desapareció dejando a Ulises lleno de dudas:

¿Cómo iba él a abandonar la balsa, el único medio que poseía para lograr llegar a tierra firme? 



Las dudas le desaparecieron rápido. Poseidón le envió una ola de tal tamaño que destrozó la embarcación. En ese momento solo había un camino. Ulises, tras agarrarse a una rama, se desvistió y se cubrió con el manto tal y como le había indicado la diosa Ino.



Tras dos días nadando día y noche por fin divisa tierra firme. El camino para llegar a ella tampoco le va a resultar fácil. Nuevamente una terrible marea arrastra a Ulises y lo golpea contras las rocas. Tras mucho esfuerzo y con el cuerpo destrozado de tanto golpe, Ulises renuncia a llegar a tierra por esa vía. Se aleja de la costa y tras nadar durante horas logra divisar un paraje algo más tranquilo donde un río desembocaba en el mar. 

Lo ha conseguido, sus pies por fin tocan tierra firme.  
Extenuado y tras tirar el velo al mar, Ulises se duerme bajo la sombra de un árbol.



A la mañana siguiente unos alegres gritos le despertaron. Ulises se cubrió con las hojas que encontró y caminó unos pasos buscando la fuente de la que procedían dichos gritos. Pronto descubrió a un grupo de bellas jóvenes jugando entre ellas.

Al verlo el pudor hizo que todas corrieran a esconderse. Todas menos una, la más bella...

Es Nausica, la princesa del lugar. 

La joven, inmóvil, serena mira a Ulises invitándole a dirigirse a ella. Y por supuesto, nuestro héroe no desaprovecha la ocasión.

Oh, joven de belleza sin igual te suplico que me escuches. Llevo luchando con el mar mucho tiempo y él es quien me ha arrojado a esta playa desnudo. Por favor ten piedad de este extranjero. Te suplico me des un manto con el que cubrirme y me indiques el camino a la ciudad. 
Lo único que deseo es volver a mi tierra.

A lo que ella respondió:

Por supuesto extranjero. No te faltará nada de lo que pides pues así lo exigen las normas de la hospitalidad. Pero antes debes saber que llegaste a la isla de los feacios, una isla gobernada por mi padre, el rey Alcinoo. 

Báñate, vístete con lo que mis doncellas te ofrezcan y te conduciremos a Palacio. Una vez allí será mi madre tu interlocutora. La encontrarás junto al fuego hilando. 
Si quieres su ayuda para volver a tu tierra  abraza sus rodillas.



Ulises tras seguir las indicaciones de Nausica  llega a Palacio. ¿Qué sucedió allí?


La próxima semana lo contamos...














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viernes, 13 de noviembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises y Calipso. Cuando el héroe rechaza la inmortalidad por volver junto a los suyos.





Ulises
llevaba siete años en la isla de Ogigia. Siete años en los que la ninfa Calipso con palabras engatusadoras y galanterías amorosas intentaba hacerle olvidar su pasado. Pero pese a todas las tretas utilizadas por la ninfa Ulises sólo tenía una idea obsesiva en su cabeza:

Regresar a su tierra. 
Regresar junto a los suyos.

Y mientras él lloraba amargamente su destino, en el Olimpo todos los dioses se habían reunido para hablar del futuro del héroe. 

Asamblea de veinte dioses mientras reciben a Psique 
Loggia di Psiche, 1518-19, de Rafael y su escuela.


Todos los dioses salvo uno: Poseidón que se encontraba de viaje lejos de allí. Una reunión en la que Atenea, hija de Zeus y protectora de los héroes encontró el momento perfecto para defender a Ulises.

Nuestro héroe lleva demasiado tiempo fuera de su casa. Durante los diez años que duró la guerra de Troya demostró ser un jefe valiente e ingenioso. Precisamente gracias a su ingenio salieron vencedores de esa guerra (aquí). Pero de eso han pasado ya diez años y él sigue vagando por el mundo sin poder regresar a su casa. Ya nadie en su reino recuerda lo buen rey que era: justo, prudente, velando siempre por el bien de sus súbditos... 

Zeus escuchaba con atención las palabras de Atenea. Así que en el momento en que la diosa le pidió que permitiera al héroe volver con los suyos, Zeus, el dios de dioses, le repondió:

Tienes razón hija. Su castigo ha durado demasiado. Permitámosle volver a su amada Ítaca.
Y dirigiéndose a Hermes, el mensajero de los dioses, le ordenó:

Hoy mismo irás donde la ninfa Calipso y
le trasmitirás la orden de dejar partir a Ulises



Hermes rápidamente se ató las sandalias aladas y sin demorar ni un minuto y provisto de la varita que abré y cierra los ojos de los hombres, se puso en camino hacia Ogigia, la isla de Calipso. Allí encontró Hermes a la ninfa en el interior de su cueva, tejiendo una maravillosa tela mientras cantaba. El bucólico paisaje lleno de fondosos árboles y pájaros, la imagen de la ninfa con sus rubios rizos y su blanca tez, su voz... Todo era absolutamente hechizador, su encanto subyugaba.



En cuanto vio a Hermes Calipso le reconoció y como era su constumbre le hizo tomar asiento y le ofreció néctar y ambrosía, el alimento de los dioses:

Buenos días Calipso, vengo hasta tu isla a petición de los dioses porque ha llegado la hora de que liberes a tu prisionero, Ulises. Ha llegado la hora de que el gran héroe regrese a su patria.

Y tras estas palabras Hermes desapareció dejando a Calipso rota de dolor. No era justo. Ella amaba a Ulises y lo había rescatado cuando los dioses lo habían abandonado dejándolo abandonado solo y desvalido en su isla (aquí).

Pero, ¿quién se atrevía a desobedecer las órdenes de Zeus?



La ninfa fue a la playa y encontró a Ulises, como todos los días desde hacía siete años, sentado en la arena llorando amargamente y pensando cómo podía salir de esa isla. Calipso se le acercó y le dijo:

No llores más. Ha llegado el momento de que vuelvas a tu casa. Construye una balsa con los árboles de esta isla y cuando la tengas lista dímelo y haré soplar un viento favorable para que llegues sano y salvo junto a los tuyos.

Pero antes debes escuchar mi ofrecimiento:

¿Es realmente eso lo que quieres? Todavía son muchos los peligros que has de vivir. Yo te amo y si permaneces conmigo te convertiré en inmortal. No hace falta que me respondas en este momento, piénsalo y yo acataré tu decisión.



A la mañana siguiente Ulises, antes de que los rayos del sol cubriesen la isla, ya estaba talando los árboles para construir su balsa. No tenía nada que pensar, no había dudas.

Lo que más deseaba en este mundo era volver junto a los suyos

 


Cuando la balsa estuvo dispuesta y tras despedirse de la bella Calipso, Ulises sumamente excitado se hizo a la mar.

Por fin Ulises volvía a su patria. Aunque todavía le quedan algunas penalidades por vivir. Recordemos que Poseidón no había dado su visto bueno a la decisión de los dioses...


Pero esto si os parece lo contaremos la próxima semana.













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