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viernes, 5 de febrero de 2016

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises y Penélope, el reencuentro más esperado. La Odisea llega a su fin.



Tras proclamarse vencedor del concurso de tiro con arco (aquí) Ulises dirigió una nueva flecha hacia Antínoo, quien se hallaba en una mesa disfrutando de su copa.

-¡Ahora seréis testigos de cómo mi arco alcanza otro importante objetivo!-
Ulises dirigió su flecha hacia cuello de Antínoo quien en un segundo cayó desplomado con la flecha atravesándole la garganta. Los pretendientes no podían creer lo que acaba de suceder. El mendigo había matado a uno de sus jefes.

Miserable mendigo. Has matado a nuestro jefe, Antínoo -gritaban enfurecidos


Semejante ofensa no podía quedar así. Debía ser vengada por lo que rápidamente los pretendientes fueron a descolgar sus armas de las paredes. Pero la sorpresa que les esperaba era todavía mayor: los muros estaban vacíos. Desesperados, sus ojos recorrían la sala una y otra vez, pero no había duda.

Alguien les había quitado sus armas, les había dejado desarmados.

Ulises disfruta del momento.

Creísteis que nunca volvería. Pues aquí estoy para vengarme de cada uno de vosotros. Para vengarme de aquellos que en mi ausencia se han metido en la cama de mis criadas y han cortejado a mi esposa. Para vengarme de quienes  han querido usurparme mi casa, mi reino.
Vuestro destino va a ser el mismo que el de vuestro jefe Antínoo.



El terror comienza a asomar en los rostros de cada uno de los pretendientes. Saben que la lucha que les espera va a ser terrible. Todos entran en batalla. Las flechas, las espadas, las jabalinas, las mesas como escudo... todo lo que es podáis imaginar vuela por la sala. Es una lucha a muerte, sin posibilidad de redención.

Tras unos minutos los cuerpos comienzan a caer al suelo, la sangre empieza a mancharlo todo... Es entonces cuando la diosa Atenea decide acudir en ayuda de Ulises y suyos, convirtiéndose primero en escudo que impide a las flechas de los pretendientes dar en el blanco y más tarde en siniestra sombra que atemoriza al bando rival y le hace dispersarse por la sala corriendo cual rebaño, momento que Ulises utiliza para saltar sobre los que quedaban.



El combate ha terminado. Ulises ha ganado, ahora tocaba retirar los cuerpos y limpiar la sala para poder presentarse frente a Penélope y que ella le reconozca como su marido.

Cuando todo esta dispuesto hace su aparición en la sala la bella Penélope. La hace cabizbaja y pensativa pues no  quiere creer lo que sus sirvientas le vienen anunciando.

Es demasiado grande el miedo que tiene la reina a que  alguien le juegue otra mala pasada y se haga pasar por Ulises.
Ulises nota la desconfianza y la entiende. Penélope necesita tiempo y una prueba para volver a creer y él se la va a dar.

Dirigiéndose a la nodriza le dice:

Nodriza, por favor prepárame un lecho donde pueda pasar la noche pues esta reina  ha decidido que pese a llevar veinte años separada de su marido dormirá sola.

Al oír las palabras de Ulises, Penélope sonríe. El mendigo convertido en apuesto caballero le acababa de dar la posibilidad de someterlo a una prueba definitiva que le hará saber si está frente a Ulises. Así que dirigiéndose a la nodriza le dice:

Haz lo que él te pide. Prepárale una habitación fuera de la cámara nupcial pero saca de ella la cama que allí se encuentra.

Ulises acababa de comprender el plan de Penélope y sonríe para sus adentros. Sigue siendo la misma reina inteligente y bella de la que se enamoró hace muchos años, pero fingiendo estar enojado le dice:

Cómo se te ocurre semejante idea. No recuerdas que fui yo quien tallo esa cama con la madera de un tronco de olivo enraizado y vivo. Tampoco recuerdas que alrededor de ella levanté las paredes.

Es imposible sacar esa cama de  nuestro lecho nupcial. Ni cortando el tronco sería posible.

La felicidad de Penélope es tan grande que cree desfallecer. Solamente Ulises conocía el secreto de su lecho... Ulises, su amor, su amigo, su compañero ha vuelto. Tenían mucho que contarse pero ya habrá tiempo. Ahora es el momento de disfrutar por fin el uno del otro. 

Ulises tras más de veinte años ha recuperado su hogar. 


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viernes, 18 de diciembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Y Ulises se disfraza de mendigo para entrar en su Palacio.


A la mañana siguiente Ulises se acercó a su Palacio acompañado de Eumeo. En la entrada echado sobre un montón de estiércol, lleno de pulgas y abandonado, se encuentra un viejo perro. Es Argos, el perro que Ulises había dejado siendo un cachorro y que ahora veinte años después le reconoce pese a ir vestido como un mendigo.

Ulises observa a Argos. Éste mueve la cola y desea acercarse hasta Ulises, pero sus muchos años se lo impiden. Lanzando una última mirada a su amo, Argos cierra los ojos. Ulises con gran tristeza se despide de él.

Abandonado en el estiércol. Así es como han tratado a mí fiel Argos. Esto debe ser vengado. 



Ulises y Eumeo entran en Palacio. Allí en la gran sala de los banquetes  más de un centenar de jóvenes están atiborrándose de manjares y Ulises, como si toda su vida se hubiese dedicado a ello,  les acerca la mano pidiéndoles lismona. Todos se apiadan de él. Todos excepto Antinoo, el principal pretendiente, que enfurecido se vuelve a Eumeo y le dice:

Pero, cómo se te ocurre traer a semejante escoria a Palacio.
No ves que nos va a llenar de pulgas además de comerse nuestros manjares.



Ulises mira fijamente a Antinoo y le responde:

Cómo puedes ser tan ávaro, si tú eres el primero que estás tomando lo que no es tuyo.

Antinoo no puede creer lo que está escuchando. Un mendigo harapiento es capaz de meterse con él. Es capa de insultarlo. Esto no puede quedarse así.

Antinoo se levanta, coge uno de los taburetes y se lo lanza a Ulises dándole con toda la fuerza en el hombro.  
Ulises no replica. Haciendo alarde de sus nervios de acero decide no enfrentarse. A él, al vencedor de la Guerra de Troya, el héroe que ha podido con todos los peligros que se han puesto en su camino, le sería muy fácil derrotar a Antinoo, pero sabe que no es el momento. Aún no ha llegado la hora vengarse por lo que decide tragarse el orgullo, la ira  y seguir como si nada.



Pero no fue ésta la única persona que trato con desprecio al héroe. Melanto, una sirvienta engreída y desleal decide que ha llegado la hora de echar al mendigo:

Viejo harapiento, me puedes decir qué haces todavía aquí. Sal inmediatamente de la casa si no quieres que te echemos a golpes.



No había acabado de decir la malvada sirvienta estas palabras cuando en el salón apareció una mujer de gran belleza y prestancia. Ulises no podía creer lo que veía. Veinte años había soñado con ese momento. Era ella,  Penélope, su amada esposa, por la que los años no habían pasado. Su compañera, su amiga, su amante... La mujer con la que cada noche había soñado y que ahora, haciendo alarde de su dignidad, se acercó a Melanto diciéndole:

Cómo se te ocurre dirigirte así a un huésped mío.  Por favor que alguien traiga una silla y la coloque junto a la mía.

Penélope con toda su amabilidad intenta reparar la escasa hospitalidad que hasta ese momento habían tenido para con Ulises y señalándole con la mano la silla le invita a sentarse junto a ella.



Siento muchísimo el trato que te han dado pero desde que mi amado Ulises partió el Palacio ha sido tomado por estos jóvenes pretendientes que me presionan para que me case con ellos y así poder quedarse con todo, pero  no os creáis...

Penélope le cuenta a Ulises cómo hasta ese momento había logrado postergar la decisión, pues les había dicho que solamente se casaría el día que hubiese tejido la tela con la que enterrarían a su suegro. Los pretendientes habían aceptado el trato y así que ella desde hacía tres años dedicaba todos sus días a tejer y todas las noches a descoser lo tejido. Pero el engaño ya no iba a ser posible pues una sirviente le había traicionado...

Ulises conmovido con todo lo que escuchaba no pudo evitar consolar a Penélope.

Reina, le prometo que su marido está inmensamente orgulloso de usted y está mucho más cerca de lo que usted cree.



Penélope triste pero agradecida por el consuelo que el viejo mendigo le ha querido brindar con sus palabras, llama a su más leal sirvienta para que lave los pies al huésped.  Euriclea toma un barreño y obedece a su ama.

De repente, algo sorprende enormemente a esa vieja doncella que hace muchos años había sido nodriza de Ulises.

El huésped posee una cicatriz justo encima de la rodilla que ella conoce perfectamente. Solamente hay una persona en el mundo que tenga una semejante y esta persona es... 
 Ulises



Euriclea mira a Penélope y se dispone a revelar su secreto... cuando Ulises poniéndole un dedo en los labios le dice:

Si quieres que algún día las cosas vuelvan a ser lo que fueron debes guardar el secreto sino mi vida correrá peligro.

A lo que ella le contesta:

Estese muy tranquilo. No dude que su secreto está a salvo conmigo.

Y como si nada hubiese visto prosiguió lavando sus pies...


Continuará...



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jueves, 26 de noviembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Los juegos Feacios, la última aventura de Ulises antes de regresar a Ítaca.

Llegada de Ulises al palacio de Alcinoo
 de Claude Lorrain (1600-1682)


Ulises siguiendo las indicación de la bella princesa Nausica llegó a Palacio (aquí). Tras admirar los alrededores se adentró en un magnífico edificio de mármol blanco lleno de columnas y patios. Era la residencia real y allí, en su salón principal, se hallaban cenando el rey y la reina con sus consejeros y doncellas.

Ulises avanzó hasta la reina y una vez la tuvo delante se arrodilló y le dijo:
Noble soberana. Ante vos me presento para solicitar vuestra ayuda y con ella regresar a mi patria. Son ya más de veinte los años que llevo vagando por el mundo y padeciendo infortunios.
Por favor, tened piedad de mí.



La reina Arete lo miró fijamente con ternura y apiadándose de él le dijo.
Pobre extranjero, si supiesemos de donde procedes sería mucho más sencillo ayudarte...

En ese mismo momento el rey Alcínoo interrumpió a su esposa para recordar una ley de suma importancia en la Antigua Grecia.

No te preocupes. No necesitamos saber de dónde procedes. En mi reino todo extranjero es bien recibido. Come, descansa y te prometo que, tras pasar esta noche entre nosotros, mañana dispondrás de todo lo necesario para volver a tu tierra.

Odiseo en la corte de Alcínoo 
de Francesco Hayez (1814 - 1815)


A la mañana siguiente el rey, tal y como había prometido a Ulises, mandó que tuviesen dispuesta una nave en el muelle principal de la ciudad. Pero antes de permitirle partir el rey Alcínoo decidió honrar a su misterioso huésped organizando una gran fiesta en su honor. 

Allí sentado en un lugar preferente y pensando que en pocas horas estaríajunto los suyos, Ulises observaba las habilidades de los mejores atletas feacios en disciplinas como la lucha, las carreras o el lanzamiento de disco.



Tras un tiempo compitiendo entre ellos, Euríalo al observar el fornido cuerpo de Ulises le invita a participar. El héroe rechaza la invitación. Está demasiado cansado e inquieto ante la cercanía de volver con los suyos.

Euríalo toma la negativa como una gran ofensa y le dice:

Tu rechazo indica que desconoces totalmente la nobleza de estos juegos. ¿Acaso en otro tiempo fuiste comerciante?

Ulises se levanta y herido en lo más profundo le dice al joven.

Has de saber que tus palabras son sumamente groseras. Por supuesto que los practique en la época feliz de mi juventud, antes que la guerra y los muchos viajes desventurados que me han tocado vivir mermaran mi fuerza. Pero ya que me has herido probaré si queda algo de mis antiguas destrezas. 

Y cogiendo uno de los discos de bronce más grandes y pesados lo lanzó con su fornido brazo superando todos los records que hasta ese momento habían conseguidos los discóbolos feacios. 




La sorpresa del público fue enorme, pero Ulises no contento con lo conseguido desafió a todos los jóvenes presentes.

Jóvenes feacios, si lo desean estoy dispuesto a medirme con cualquiera de ustedes en la disciplina que deseen. Desafíenme, no rechazaré a ningún adversario.

El silencio durante los siguientes minutos fue enorme siendo el propio rey quien lo interrumpió.

Extranjero entendemos perfectamente que estés herido. Las palabras de mi hijo Euríalo fueron muy poco afortundas pero has de saber que para nosotros los juegos son mucho más que una lucha de fuerzas. Dejémoslo estar así y disfrutemos de la cena mientras escuchamos cantar a Demódoco, nuestro aedo ciego.

 

En ese momento el poeta es llevado a la asamblea y acompañándose de su cítara comienza  a narrar las aventuras de un héroe de nombre Ulises gracias a cuyas arducias se consiguió vencer  la guerra de TRoya.

Ulises conmovido ante lo que escucha y con miedo a ser descubierto decide cubrir su rostro con un pañuelo mientras el aedo continúa narrando la manera las mil y una peripecias vividas dentro del caballo de Troya (aquí).

Demódoco cantando ante Ulises y Alcínoo
 de John Flaxman (1810)


La emoción de Ulises va en aumento hasta tal punto que es el propio rey quien se da cuenta de ello:

Hemos advertido que todo el relato de Troya te ha conmovido mucho. Dinos extranjero, ¿perdiste algún pariente o amigo en esos lances? Si no tienes a mal te rogamos que nos cuentes tu historia y que comiences por tu nombre, que todavía desconocemos.

Gran Alcínoo -responde el héroe-. 

Yo soy Ulises, el hijo de Laertes, el rey de Ítaca de cuyas azañas nos ha hablado el aedo. 

El silencio en la sala es total. La sorpresa y la admiración por quien tiene delante no puede ser mayor. El héroe agradecido ante lo que recibe decide narrales las muchas desventuras que le han tocado vivir desde que acabó la guerra de Troya. Diez años en donde se las ha tenido que ver con el cíclope Polifemo, con el odre de Eolo, con las sirenas, con Caribdis y Escila... Diez años en los que tuvo que descender al reino de los muertos,  perdió a toda su tripulación y estuvo prisionero de Circe, la hechicera que le ofreció la inmortalidad y él rechazó para volver a estar junto a los suyos...

Alcínoo profundamente impresionado le ofrece la mano de su bella hija Nausica pero el héroe rechaza a la bella princesa por el amor que siente hacia su querida esposa Penélope. 

Penélope en su telar 
de John William Waterhouse (1912)


Esa misma noche el rey cumplió su promesa y después de proveer a Ulises con todo lo necesario para realizar el viaje, ordenó a la tripulación que pusieran rumbo a la remota Ítaca.

Ulises por fin ponía rumbo a su hogar...


Continuará ...

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viernes, 20 de noviembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises y la bella Nausica. El héroe por fin llega a la isla de los feacios.



Tras abandonar con el beneplácito de los dioses la isla de Ogigia, Ulises vuelve hacerse a la mar (aquí). Parece que su adora Ítaca está mucho más cerca aunque pronto se da cuenta que Poseidón va a volver a complicarle la vida. Por mucho que Zeus haya decidido que ha llegado el momento de que Ulises regrese a Ítaca, Poseidón no está dispuesto a olvidar tan fácilmente el agravio que éste cometió con su hijo Polifemo (aquí). Así que vuelve a coger su tridente para agitar el mar y alterar a los vientos.

No es una sorpresa para Ulises. Calipso ya se lo anunció al abandonar su isla:

Tu sufrimiento aún no ha terminado. Si supieses todas las calamidades que todavía te tocarán vivir te quedarías conmigo.



Poseidón desencadenó una terrible tormenta que zarandeaban la balsa de Ulises como si de una cáscara de nuez se tratase. El mástil, la vela... todo acaba quebrándose para finalmente ser arrojado lejos de la balsa. Ulises lucha desesperadamente con las olas. Los vientos lo empujan, parecen jugar con él pasándoselo de uno a otro como se hace con una pelota. La situación es absolutamente desesperada pero nuevamente un dios, en este caso una diosa vuelve apiadarse de él. Es Ino, la diosa marina que acude en su ayuda.

Infeliz si continúas así jamás sobrevivirás. Haz lo que yo te diga y podrás volver a tu casa. Quítate tus pesados ropajes, abandona definitivamente tu balsa y ve nadando hasta la isla de los feacios. Pero antes de nada debes atarte este velo divino que te entrego. Él te protegerá de todos los males que Poseidón te envíe.

Lo único que te pido es que cuando llegues a tierra firme lances el velo al mar sin tan siquiera mirarlo.

Dichas estas palabrsa la diosa Ino desapareció dejando a Ulises lleno de dudas:

¿Cómo iba él a abandonar la balsa, el único medio que poseía para lograr llegar a tierra firme? 



Las dudas le desaparecieron rápido. Poseidón le envió una ola de tal tamaño que destrozó la embarcación. En ese momento solo había un camino. Ulises, tras agarrarse a una rama, se desvistió y se cubrió con el manto tal y como le había indicado la diosa Ino.



Tras dos días nadando día y noche por fin divisa tierra firme. El camino para llegar a ella tampoco le va a resultar fácil. Nuevamente una terrible marea arrastra a Ulises y lo golpea contras las rocas. Tras mucho esfuerzo y con el cuerpo destrozado de tanto golpe, Ulises renuncia a llegar a tierra por esa vía. Se aleja de la costa y tras nadar durante horas logra divisar un paraje algo más tranquilo donde un río desembocaba en el mar. 

Lo ha conseguido, sus pies por fin tocan tierra firme.  
Extenuado y tras tirar el velo al mar, Ulises se duerme bajo la sombra de un árbol.



A la mañana siguiente unos alegres gritos le despertaron. Ulises se cubrió con las hojas que encontró y caminó unos pasos buscando la fuente de la que procedían dichos gritos. Pronto descubrió a un grupo de bellas jóvenes jugando entre ellas.

Al verlo el pudor hizo que todas corrieran a esconderse. Todas menos una, la más bella...

Es Nausica, la princesa del lugar. 

La joven, inmóvil, serena mira a Ulises invitándole a dirigirse a ella. Y por supuesto, nuestro héroe no desaprovecha la ocasión.

Oh, joven de belleza sin igual te suplico que me escuches. Llevo luchando con el mar mucho tiempo y él es quien me ha arrojado a esta playa desnudo. Por favor ten piedad de este extranjero. Te suplico me des un manto con el que cubrirme y me indiques el camino a la ciudad. 
Lo único que deseo es volver a mi tierra.

A lo que ella respondió:

Por supuesto extranjero. No te faltará nada de lo que pides pues así lo exigen las normas de la hospitalidad. Pero antes debes saber que llegaste a la isla de los feacios, una isla gobernada por mi padre, el rey Alcinoo. 

Báñate, vístete con lo que mis doncellas te ofrezcan y te conduciremos a Palacio. Una vez allí será mi madre tu interlocutora. La encontrarás junto al fuego hilando. 
Si quieres su ayuda para volver a tu tierra  abraza sus rodillas.



Ulises tras seguir las indicaciones de Nausica  llega a Palacio. ¿Qué sucedió allí?


La próxima semana lo contamos...














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jueves, 5 de noviembre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises y las vacas del Sol. La profecía de Tiresias se cumple.

Tras el enorme esfuerzo que les supuso salir con vida del estrecho de Mesina (aquí), Ulises y sus compañeros estaban exhaustos así que en el momento en el que divisaron una tierra verde y acogedora en la que se escuchaban balar a las ovejas y mugir a las vacas, creyeron que estaban ante la tierra perfecta para atracar el barco y disfrutar de un merecido descanso.



Todos estaban entuasiasmados. Todos excepto Ulises que no podía dejar de recordar la advertencia de Tiresias sobre el ganado del Sol (aquí) por lo que ordenó a sus marineros continuar remando. Pero éstos estaban demasiado cansados y Eurícolo en nombre de todos alzó su voz para rebelarse:

¿Ulises no comprendes que estamos demasiados cansados? Debemos descansar, dormir, comer algo... de otra forma desfalleceremos.

Ulises sabía que las palabras de Eurícolo eran ciertas y pese al inmenso peligro que suponía cedió al clamor de sus compañeros no sin antes hacerles prometer lo siguiente:

Debéis jurarme que bajo ningún concepto tocaréis al ganado del Sol.



Con las indicaciones claras atracaron la nave, desembarcaron y tras cenar las provisiones que la maga Circe les había dado (aquí) se durmieron olvidando por un momento todas las penalidades por las que habían pasado.

Pero la tranquilidad les duró poco. En mitad de la noche Zeus les envió una tormenta tan fuerte que Ulises y los suyos no pueden regresar al barco y se deben refugiar en la isla dejando todas las provisiones en el barco. Ulises preocupado por lo predicho por Tiresias vuelve a advertirles.

Compañeros, os lo ruego: respetad el ganado que hay en la isla. No lo toquéis bajo ningún concepto. 
No olvidéis nunca que su dueño es el sol, el ojo y el oído del universo. El que todo lo ve y todo lo oye.


Los marineros dan su palabra a Ulises y se refugían en una cueva. Allí recluidos pasan las horas, los días, las semanas esperando que la tormenta remita. Pero un mes después la tormenta continua y la subida de aguas les impide moverse de su refugio. Pronto la comida comienza y Ulises y sus compañeros tienen que sobrevivir con lo poco que pueden pescar en circunstancias tan adversas.

Y mientras ellos pasan hambre, a lo lejos ven el ganado del Sol bien cebado pastando en el vecino campo. 


Ulises comienza a estar muy preocupado y teme que si la cosa continúa de igual modo sus campañeros se rebelen.

Así que una mañana abandona el refugio y se adentra en la isla en busca de un santuario desde donde rezar a los dioses del Olimpo para que se apiaden de ellos y cese la tormentan. El problema comienza cuando hechas las plegarias el sueño se apodera de Ulises permaneciendo dormido durante horas.


Un tiempo que es aprovechado por Eurícolo quien se dirige a sus compañeros con las siguientes palabras:

Si permanecemos quietos moriremos de hambre y estoy seguro que esa no es la voluntad de los dioses. Tomemos  unos novillos, sacrifiquemos la mitad en honor de los dioses y con la otra parte nos alimentaremos.

Y así lo hicieron. Cuando Ulises volvió donde ellos se encontró a todos alegres, bailando y comiendo el ganado.




Eurícolo, convertido en portavoz le dijo:
No te enfades Ulises. Estoy seguro que los dioses se apiadarán de nosotros. Además, sin el sacrificio de los novillos hubiesemos muerto todos.
No hay final más terrible que la muerte por hambre.

Ya no había nada que hacer. El destino estaba marcado y únicamente los dioses sabían realmente cuál iba a ser su voluntad. Así que todos, excepto Ulises que se negó a tocarlas, decidieron comer hasta hartarse los animales sacrificados durante seis días.

Al séptimo la tormenta cesó, las aguas volvieron a la calma y apareció el sol. Ulises y sus hombres se hicieron nuevamente a la mar, con grandes esperanzas de que el Sol, ante la extrema necesidad vivida, les hubiese perdonado el secrificio de algunas de sus reses.

Pero desde el mismo momento en que abandonaron tierra firme una nube negra, sombría cubrió su barco mientras el resto del mar seguía iluminado por el sol.



Enseguida una nueva tempestad cayó sobre ellos, en esta ocasión primero los remolinos, más tarde los rayos hicieron que el mástil y las velas quedarán destrozados. Todos los compañeros de Ulises cayeron al agua y en espacio de segundos sus cabezas fueron hundiéndose.

Solamente Ulises sobrevivió pero el viento le arrastró nuevamente hasta la terrible Caribdis. Agarrándose a una vieja higuera logró evitar ser tragado por ella y cuando ésta vomitó el mástil del barco, Ulises se aferró a él con fuerza.




Así, agarrado al mástil, navegando a la deriva estuvo Ulises nueve largos días. Por fin al décimo, en el límite de sus fuerzas, las olas lo arrastran a una nueva playa. Allí al amanecer Calipso,  la engatusadora, lo encontró desfallecido...

Pero esta es otra historia que contaremos la próxima semana.

La profecía de Tiresias se había cumplido:

No dejés que tus hombres ni tan siquiera toquen las vacas del dios Sol porque si les hacen daño perderás tus naves y a todos tus compañeros.

Si así fuese, probablemente tú escapes del desastre y puedas volver a Ítaca pero te veo llegar solo...

A partir de ahora Ulises hará el viaje solo.

viernes, 30 de octubre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises entre Escila y Caribdis

Las Sirenas, esos seres mitad ave mitad humano que con su canto atraían a cuanto navegante pasaba por su lado para después devorarlo, no fueron los únicos monstruos con los que Ulises tuvo que verse en su viaje de regreso a Ítaca (aquí). Muy cerca de éstas, a uno y otro lado del estrecho de Mesina vivían dos de los monstruos marinos más terroríficos y voraces que os podéis imaginar. Sus nombres Escila y Caribdis.


La primera de ellas, Escila, era una mujer cuya parte inferior estaba rodeada de perros, concretamente seis feroces animales que devoraban todo cuanto se ponía a su alcance. Aunque no siempre tuvo ese aspecto, se dice que era una ninfa de gran belleza de la que Glauco, un dios marino, se enamoró con locura. Glauco queriendo conseguir su amor a toda costa pidió a Circe  un brebaje de amor.  Lo que Glauco desconocía es que Circe también estaba enamorada de él.

 La Hechicera de John William Waterhouse (1912)
¿Os acordáis de Circe? La hechicera que convirtió en cerdos
 a los compañeros de Ulises
 y que posteriormente se convertiría en la anfitriona 
de Ulises durante más de un año (aquí)


La Maga irritada y enfurecida ante el rechazo de Glauco decidió vengarse de su rival y en lugar del brebaje pedido preparó unas hierbas mágicas venenosas que virtió en el agua en el que se bañaba Escila. Inmediatamente Escila se transformó.

La parte superior de su cuerpo siguió mantenido su belleza pero de la ingle le nacieron esos seis monstruosos perros con los que aterrorizaba al personal.



¿Os imagináis el terror que tenía que sentir la gente cuando se enfrentaba a tamaño monstruo y la liberación cuando lograban -si lo conseguían, todo hay que decirlo- salir con vida de allí? 

Pero esta liberación les duraba muy poco pues a escasa distancia, en el mismo estrecho pero en el lado opuesto tenían que lidiar con Caribdis, otro monstruo marino.

Estrecho de Mesina

Caribdis era hija de la tierra y del rey del dios del mar, Posidón.  Durante su vida como humana había demostrado gran voracidad y un buen ejemplo de ello es que cuando Heracles pasó por el estrecho de Mesina con el rebaño de bueyes del gigante Geriones le robó unos cuantos para comérselos (aquí). Zeus cuando vio semejante ofensa se enfadó profundamente con ella y la castigó fulminándola y precipitándola al mar donde se convirtió en monstruo.

 
Johann Heinrich Füssli


¿Qué forma asumió?, os preguntaréis. Pues a diferencia de Escila que siguió conservando parte de su cuerpo de mujer con el terrorífico añadido de los seis perros, Caribdis se convirtió en un remolino marino.  

Tres veces al día, Caribdis absorbía agua del mar en gran cantidad, tragándose cuanto flotaba, barcos incluidos, para posteriormente devolver el agua absorbida.


Y tras situarnos volvemos al relato. Ulises y los suyos acababan de salir ilesos de su encuentro con las sirenas (aquí) siguiendo la ruta que les encaminaban directos y sin posibilidad de cambio al estrecho de Mesina.

De repente oyeron unos fuertes golpes sordos y a lo lejos vieron una columna de humo...


El terror se apoderó de toda la tripulación hasta tal punto que soltaron los remos dejando la nave sin control sobre las olas. Ulises que conocía perfectamente las consecuencias de dicha decisión comenzó a animar a su gente:

Hemos travesado dificultades muchísimo mayores. Acordaos del Gigante Polifemo; de nuestro descenso al reino de los muertos; acordaos del odre misterioso... y siempre hemos logrado salir con vida. Debemos volver a nuestros puestos y tomar el control de la nave. 

Sus compañeros volvieron a sus asientos y siguieron las indicaciones de Ulises que con ímpetu y sangre fría les guiaba lejos de la columna de humo. A ellos nunca se lo dijo pero la columna no era sino la terrible Caribdis. Ulises acababa de tomar una de las decisiones más complicadas de su viaje.

Había tenido que elegir por cuál de los dos lados del estrecho de Mesina pasar. Y la verdad que ambas opciones eran horribles.


Elegir pasar cerca de Caribdis suponía arriesgarse a morir todos porque si su paso coincidía con el momento en que Caribdis tragaba las olas nada ni nadie podía ayudarles; por el contrario si pasaban cerca de Escila, con seguridad habría alguna baja, pero la gran mayoría sobreviviría.

La decisión ya la sabemos: Ulises optó por alejarse de Caribdis y pasar por el lado de Escila.

Sin dar demasiadas explicaciones a sus hombres, pues temía que si éstos conocían la verdad se escondiesen en la bodega dejando nuevamente el rumbo del barco sin dirección, se colocó en la proa dispuesto a luchar por sus hombres. Sus compañeros pese al terror que sentían remaban con todas sus fuerzas mirando de reojo la inmensa roca a la que se aproximaban.

Una roca que mientras escupía agua comenzó a rugir. Era Escila que había olido a sus nuevas presas...

Cuando Ulises y los suyos volvieron sus cabezas contemplaron el espectáculo más terrible que os podáis imaginar,  el peor jamás visto.

Seis de sus mejores hombres colgaban de cada una de las cabezas de Escila siendo devorados en apenas un segundo.

Un espectáculo dantesco, terrible pero pese a todo la mejor de las opciones pues Ulises y el resto de los marineros lograron salir de allí con vida.



Con todo lo dicho no creo que cueste mucho llegar a la conclusión  de qué significa estar "Entre Escila y Caribdis". Exacto, más o menos lo mismo que decir "Entre la espada y la pared".


Uno está ante una situación sino imposible, por lo menos, complicada.






Si os ha gustado, el próximo viernes tendréis una nueva aventura de Ulises que nos llevará hasta la isla del Dios Sol.

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