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viernes, 5 de febrero de 2016

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises y Penélope, el reencuentro más esperado. La Odisea llega a su fin.



Tras proclamarse vencedor del concurso de tiro con arco (aquí) Ulises dirigió una nueva flecha hacia Antínoo, quien se hallaba en una mesa disfrutando de su copa.

-¡Ahora seréis testigos de cómo mi arco alcanza otro importante objetivo!-
Ulises dirigió su flecha hacia cuello de Antínoo quien en un segundo cayó desplomado con la flecha atravesándole la garganta. Los pretendientes no podían creer lo que acaba de suceder. El mendigo había matado a uno de sus jefes.

Miserable mendigo. Has matado a nuestro jefe, Antínoo -gritaban enfurecidos


Semejante ofensa no podía quedar así. Debía ser vengada por lo que rápidamente los pretendientes fueron a descolgar sus armas de las paredes. Pero la sorpresa que les esperaba era todavía mayor: los muros estaban vacíos. Desesperados, sus ojos recorrían la sala una y otra vez, pero no había duda.

Alguien les había quitado sus armas, les había dejado desarmados.

Ulises disfruta del momento.

Creísteis que nunca volvería. Pues aquí estoy para vengarme de cada uno de vosotros. Para vengarme de aquellos que en mi ausencia se han metido en la cama de mis criadas y han cortejado a mi esposa. Para vengarme de quienes  han querido usurparme mi casa, mi reino.
Vuestro destino va a ser el mismo que el de vuestro jefe Antínoo.



El terror comienza a asomar en los rostros de cada uno de los pretendientes. Saben que la lucha que les espera va a ser terrible. Todos entran en batalla. Las flechas, las espadas, las jabalinas, las mesas como escudo... todo lo que es podáis imaginar vuela por la sala. Es una lucha a muerte, sin posibilidad de redención.

Tras unos minutos los cuerpos comienzan a caer al suelo, la sangre empieza a mancharlo todo... Es entonces cuando la diosa Atenea decide acudir en ayuda de Ulises y suyos, convirtiéndose primero en escudo que impide a las flechas de los pretendientes dar en el blanco y más tarde en siniestra sombra que atemoriza al bando rival y le hace dispersarse por la sala corriendo cual rebaño, momento que Ulises utiliza para saltar sobre los que quedaban.



El combate ha terminado. Ulises ha ganado, ahora tocaba retirar los cuerpos y limpiar la sala para poder presentarse frente a Penélope y que ella le reconozca como su marido.

Cuando todo esta dispuesto hace su aparición en la sala la bella Penélope. La hace cabizbaja y pensativa pues no  quiere creer lo que sus sirvientas le vienen anunciando.

Es demasiado grande el miedo que tiene la reina a que  alguien le juegue otra mala pasada y se haga pasar por Ulises.
Ulises nota la desconfianza y la entiende. Penélope necesita tiempo y una prueba para volver a creer y él se la va a dar.

Dirigiéndose a la nodriza le dice:

Nodriza, por favor prepárame un lecho donde pueda pasar la noche pues esta reina  ha decidido que pese a llevar veinte años separada de su marido dormirá sola.

Al oír las palabras de Ulises, Penélope sonríe. El mendigo convertido en apuesto caballero le acababa de dar la posibilidad de someterlo a una prueba definitiva que le hará saber si está frente a Ulises. Así que dirigiéndose a la nodriza le dice:

Haz lo que él te pide. Prepárale una habitación fuera de la cámara nupcial pero saca de ella la cama que allí se encuentra.

Ulises acababa de comprender el plan de Penélope y sonríe para sus adentros. Sigue siendo la misma reina inteligente y bella de la que se enamoró hace muchos años, pero fingiendo estar enojado le dice:

Cómo se te ocurre semejante idea. No recuerdas que fui yo quien tallo esa cama con la madera de un tronco de olivo enraizado y vivo. Tampoco recuerdas que alrededor de ella levanté las paredes.

Es imposible sacar esa cama de  nuestro lecho nupcial. Ni cortando el tronco sería posible.

La felicidad de Penélope es tan grande que cree desfallecer. Solamente Ulises conocía el secreto de su lecho... Ulises, su amor, su amigo, su compañero ha vuelto. Tenían mucho que contarse pero ya habrá tiempo. Ahora es el momento de disfrutar por fin el uno del otro. 

Ulises tras más de veinte años ha recuperado su hogar. 


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jueves, 8 de octubre de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises se enfrenta a la Hechicera Circe



Tras su precipitada y obligada salida de Eolia (aquí), Ulises y los suyos volvieron a vivir la dureza del mar en una nueva travesía sin rumbo claro y sin grandes esperanzas de encontrar pronto el camino a casa. Así estuvieron durante semanas, hasta que por fin dieron con una nueva isla en cuya bahía decidieron anclar su nave. Exhaustos y deprimidos, recluidos en una playa y sin salir apenas de su embarcación, estuvieron dos días Ulises y los suyos. Pero al llegar el tercero...
Ulises decidió explorar qué había más allá de lo que sus ojos podían contemplar.

Tras caminar un buen rato ascendió a una colina desde la que podía divisar practicamente la totalidad de la isla, una isla cubierta por un espeso bosque. No se veían casas, ni campos cultivados; no había grandes señales que hicieran suponer que allí vivía alguien, a excepción de un humo que salía del corazón mismo del bosque.



Ulises intrépido y aventurero donde los haya, pensó inmediatamente en adentrarse y descubrir de dónde provenía el fuego. Pero enseguida recordó todos los peligros por los que habían pasado hasta ese momento y pensó que probablemente era mejor idea regresar a la nave e iniciar la exploración acompañado.

A la mañana siguiente, tras haber comido y descansado, decidieron dividir la tripulación en dos grupos: el primero estaría bajo el mando de Ulises; el segundo lo dirigiría Eurícolo, pariente suyo al que respetaba profundamente.

Tras echar a suertes quién debía descubrir de dónde procedía el humo fue el grupo de Eurícolo el que se adentró en el bosque mientras Ulises y los suyos esperaban en el barco.



La espera les llevó todo el día. Caída la noche vieron como Eurícolo regresaba solo y con el rostro desencajado por el miedo y el horror de lo contemplado.

Tras intentar tranquilizarlo durante más de una hora, por fin Ulises consigue que les relate qué había sucedido y por qué sus compañeros no habían vuelto con él.



El humo provenía de un magnífico palacio que se encontraba en mitad del bosque. Un Palacio por cuyos jardines paseaban libremente mansos tigres y leones y cuya dueña, una mujer de gran belleza, les invitó a entrar. 



Todos aceptaron la invitación encantados. Todos excepto Eurícolo que desconfiado decidió esconderse tras una ventana. Desde allí contempló como la dueña y sus doncellas invitaban a sus compañeros a un gran banquete en el que se les ofreció abundante vino, que los griegos bebieron con gusto.

Tras beber el vino la dueña del palacio tomó su varita y fue golpeando uno a uno la cabeza de cada compañero. Al instante de sus cuerpos comenzaron a brotar cerdas; sus bocas se convirtieron en hocicos; sus orejas se alargaron y comenzaron a caminar a cuatro patas.

Sus companeros se habían sido convertidos en...
CERDOSSS

En ese momento Eurícolo escuchó una sonora carcajada proveniente de la mujer que no era otra que la Hechicera Circe y los llantos de sus compañeros, que pese a su aspecto de cerdos seguían conservando el alma humana, mientras los trasladaban  a las pocilgas del palacio.


En cuanto Ulises escuchó la historia decidió que debía volver a rescatar a sus amigos y tomando su espada se puso en camino. Justo cuando está llegando a la entrada del Palacio Circe, Hermes, el mensajero de los dioses,  sale a su encuentro y le dice:

Veo que estás decidido a salvar a tus amigos. Si no deseas acabar como ellos debes tomar esta planta de vida.


Hermes se agacha,  toma del suelo una planta de raíces negras y flores blancas que solamente los dioses pueden arrancar. Se la entrega a Ulises y éste la traga.

Ulises entra en los jardines del Palacio y es acogido con la misma hospitalidad que sus compañeros. La propia Circe le invita a entrar y le ofrece sentarse a su mesa para asistir a un banquete. El siguiente paso es el vino que la hechicera prepara y Ulises bebe de un solo trago. Tras el vino saca su varita y golpea suamente la cabeza de Ulises.




Ahora sal a reunirte con tus compañeros- dice entre susurros la maga. 

Pero su sorpresa es enorme cuando en lugar de ver como su invitado se convierte en otro cerdo éste saca la espada y se abalanza sobre ella.

¿Quién eres tú? Jamás ningún humano ha podido resistir a mis hechizos.
No puedes ser otro que Ulises, quien una vez me anunció Hermes que pasaría por esta isla de vuelta a su casa tras vencer la guerra de Troya.

 Por favor envaina tu espada y seamos amigos y disfrutemos del momento.


Edmund Dulac: Circe y Ulises (1910)

Ulises no puede rechazar la hospitalidad de una diosa, pero antes de aceptar, le hace prometerle que no volveré a utilizar sus embrujos contra él o contra los suyos. 

Solo así Ulises vuelve a guardar su espada y acepta la invitación de Circe. Al cabo de un rato las doncellas de Circe preparan la mejor de las mesas llenándola de exquisitos manjares. Pero Ulises no es capaz de probar ni un solo bocado. Circe, extrañada, le pregunta. 

¿No crees en mi palabras? ¿Todavía piensas que te voy a tender una trampa?

A lo que Ulises responde.

Creo en tu palabra, pero quién podría disfrutar de esta mesa si sus amigos, convertidos en cerdos, se revuelcan en la pocilga. 

Sin dudarlo un solo instanta Circe toma su varita y devuelve a los compañeros de Ulises a su forma humana.



Y en ese Palacio, tratados como auténticos príncipes, vivieron Ulises y los suyos más de un año. Pero Ulises seguía añorando su casa por lo que un día suplicó a la hechicera que le dejará partir. A lo que ella respondió:

Márchate si no estás bien. Pere debes saber que tu siguiente escala será en los infiernos donde viven Hades y su esposa Proserpina, para que el adivino Tiresias te hable del destino que te espera.

Y hasta allí iremos la próxima semana...



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viernes, 6 de febrero de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Edipo y la Esfinge. Cuando la inteligencia pudo con la fuerza y terror.

En la antigua Grecia los dioses eran muy duros, podríamos definirlos como implacables, con todo aquel que les decepcionaba. Aunque probablemente una de las más temidas era Hera, la mujer legítima de Zeus y reina de los dioses, porque su carácter vengativo hacía que jamás perdonase ninguna ofensa.

 Gustave Moreau, El pavo real contemplando a Hera.

Y sino que se lo cuenten a los habitantes de Tebas, una ciudad situada a unos 40 km de Atenas, que tuvieron que sufrir durante años el terrible castigo que Hera les envío por un crimen cometido en su ciudad. ¿Cúal era el castigo? Os lo cuento, pero tiene que ver con uno de esos terribles y temidos monstruos mitológicos de los que tanto hemos hablado en RZ100 Cuentos de boca (aquí).


Detalle de Edipo y la esfinge de François Xavier Fabre

Para los Griegos la Esfinge era un monstruo colosal del cual no sabemos muy bien su origen: para unos era única y de ascendencia divina, para otros una especie de animal nacido en el corazón de África, pero en lo que todos se ponían de acuerdo era en considerarla una especie de demonio encargado de destruir y devorar a todo cuanto se ponía en su camino.

Su imagen ya era terrorífica: rostro y cabeza de mujer, patas de león, cola de serpiente y enormes alas de águila.

 Edipo y la esfinge de François Xavier Fabre

Pues bien, este terrible monstruo fue el castigo que Hera mando a la ciudad de Tebas. Colocada en un desfiladero a la entrada de la ciudad por el que debía pasar todo aquel que quería acceder a la misma, en cuanto veía que alguien la Esfinge se acercaba le cerraba el paso, le obligaba a deternerse y con voz muy dulce le decía:

Si quieres seguir adelante deberás 
acertar el siguiente acertijo.

Y es que la aterradora criatura tenía la curiosa costumbre, antes de convertir a sus víctimas en comida, de plantear enigmas muy difíciles, practicamente imposibles de responder para el común de los mortales, a cambio de dejarles ir tranquilamente. 

Os podéis figurar el miedo del viajero cuando con un nudo en la garganta y sin apenas voz le preguntaba:

¿Y si no acierto que pasará?   

A lo que ella sin piedad respondía:

Pues que no tendré más remedio
 que castigar tu total ignorancia.

  Jean-Auguste Dominique Ingres, Edipo y la Esfinge, 1808.  

Y justo en ese momento, con la voz más dulce y embaucadora que os podáis hacer a la idea, la Esfinge pronunciaba su enigma:


Cuál es el ser que sólo tiene una voz y
anda con cuatro patas a la mañana
con dos al mediodía,
 y tres por la tarde.

Ante la dificultad de la pregunta el viajero se ponía a temblar, a sudar de miedo, a balbucear.... y aunque hacía todo lo posible por encontrar la respuesta el pánico que sentía le bloqueaba y le era imposible pensar con claridad.

La Esfingeque gozaba con la situación, impasible y en silencio observaba al viandante y cuando ya consideraba que había disfrutado suficiente le preguntaba con cierto cinismo.

¿Es que no sabes la respuesta?

No hacía falta que la Esfinge dijese nada más, el viajero ya sabía cuál era su destino. La Esfinge aproximaba sus manos al cuello del pobre viajero y con todas sus fuerzas acababa con él.




Durante años la Esfinge sembró el terror entre los ciudadanos de los alrededores. Nadie estaba libre de sus malas mañas y los habitantes de Tebas asumieron con resignación que podían ser presas del monstruo en el momento menos pensado. Todos sabían lo qué había que hacer para librarse de ella: resolver el acertijo, pero nadie era capaz de encontrar la respuesta.

Las cosas cambiaron de repente cuando apareció en la ciudad un forastero de nombre Edipo que conocedor de su gran inteligencia fue a Tebas a medirse con el temible monstruo. En cuanto la Esfinge le vio pasar por el desfiladero se interpuso en su camino y, tras presentarse y dar cuenta de sus intenciones, lanzó su acertijo:

Cuál es el ser que sólo tiene una voz y
anda con cuatro patas a la mañana
con dos al mediodía,
 y tres por la tarde.

 

Gustave Moreau, Edipo y la esfinge, 1864

 
Edipo, que sabía muy bien a lo que se enfrentaba, escuchó el enigma con total atención  esforzándose por averiguar la respuesta. Pese a los esfuerzos que hacía no daba con la solución, así que intentando buscar una mayor concentración tomó un palo, dibujo un círculo en el suelo y se introdujo dentro. Allí estuvo más de una hora hasta que por fin, con voz clara y potente, dijo:


La solución a tu enigma es el HOMBRE. 
Es él quien tiene una voz que habla.
Es él quien quien de recién nacido
en su gateo, anda a cuatro patas.
De adulto, en el mediodía de su vida, 
camina sobre sus dos pies.
Ya de mayor, en su vejez, necesita de un bastón
su tercera pata, para poder caminar.


La Esfinge no podía creer lo que acababa de escuchar. Su cara siempre impasible comenzaba a reflejar el horror. Un humano había sido capaz de desvelar su enigma. Edipo, ese forastero lo había adivinado y debía dejarlo ir.

Desesperada y sin poder aceptar su derrota perdió el control sobre sí misma y se lanzó desde lo alto del desfiladero.



Por fin la ciudad de Tebas había sido liberada del miedo y del horror. Una vez más la inteligencia había ganado a la fuerza y al terror. Edipo en compensación fue coronado rey de Tebas. Parecía que lo tenía todo para ser feliz: bondad, inteligencia, poder... 

aunque la historia a veces se complicaba 
y él que tan bien había descifrado el enigma de la Esfinge 
no conocía el suyo propio. 


Pero esta es otra historia que contaremos otro día...



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viernes, 30 de enero de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Ulises y el caballo de Troya.

Los griegos llevaban mucho tiempo frente a las puertas de la ciudad de Troya, a la que habían declarado la guerra diez años antes. Habían intentando entrar en la ciudad una y mil veces, pero nunca lo conseguían. La ciudad parecía inexpugnable y poco a poco el cansancio y el desanimo empezaba a hacer mella entre los soldados. Diez años era demasiado tiempo para estar alejados de sus casas y sus familias y encima no obtener ningún resultado.



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viernes, 17 de octubre de 2014

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Démeter y Core. O lo que el amor de una madre es capaz de hacer.

En la Mitología griega Deméter es la diosa de la naturaleza, la fecundidad y la agricultura, de la tierra cultivada que alimenta al género humano. Una importante figura que al otorgar al hombre la posibilidad de cultivar le permite pasar del estado salvaje al civilizado, pero una figura a la que también había que temer pues de ella dependían las cosechas.




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