viernes, 17 de octubre de 2014

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Démeter y Core. O lo que el amor de una madre es capaz de hacer.

En la Mitología griega Deméter es la diosa de la naturaleza, la fecundidad y la agricultura, de la tierra cultivada que alimenta al género humano. Una importante figura que al otorgar al hombre la posibilidad de cultivar le permite pasar del estado salvaje al civilizado, pero una figura a la que también había que temer pues de ella dependían las cosechas.


Démeter había tenido una hija bellísima con Zeus, de nombre Core (la doncella) a la que amaba por encima de todas las cosas.  Figuraros la belleza de la joven que un día Hades, el rey de los infiernos, decidió subir un ratito a la superficie y cuando vio a la joven se obsesionó hasta tal punto que pensó, pesase a quien pesase, que Core se debía convertir en su esposa.


Algunos dicen que Hades pidió permiso a Zeus para celebrar la boda pero que éste, al no poder negarle tal casamiento -no hay que olvidar que Zeus y Hades son hermanos- pero no queriendo ni imaginar las consecuencias que podría tener la reacción de Démeter si le arrebataban a su hija, decidió dar una diplomática respuesta en la que no aclaraba su posición. Lejos de calmar a Hades lo que Zeus consiguió fue precisamente lo contrario, enfadarlo y envalentonearlo.  

Un día que Core se hallaba recogiendo flores con sus amigas las ninfas fue raptada por un ser que emergió de una grieta surgida en la propia tierra. ¿Os imagináis quién era ese ser que salía del fondo? Por supuesto, Hades que por la fuerza se llevaba a su amada al inframundo, su reino, en un carro tirado por negros caballos.


Cuando vuelve Démeter y no encuentra a su hija, cree volverse loca. Desesperada comienza  una peregrinación de nueve días y nueve noches en busca de la bella Core.

Al décimo día, acompañada de Hécate, la diosa lunar, decide ir a ver a Helio, el dios del Sol y de la Luz, que todo lo ve y todo lo sabe, para que admitiese, lo que otros ya le habían comentado: Hades era el autor del rapto. 


Démeter estaba tan furiosa que, en lugar de volver al Olimpo, continuó vagando por la tierra prohibiendo a los árboles dar sus frutos y a las hierbas crecer. Las cosechas y las fuentes se secaron y la situación fue tan desesperada para los hombres que habitaban la tierra, que sus quejas ascendieron hasta el Olimpo, hiriendo con sus gritos sedientos y hambrientos al mismísimo Zeus.


A Zeus no le quedaba más remedio que tomar partido en la situación por lo que envió a Hermes -¿os acordáis el mensajero de los dioses, el de las sandalias aladas?- al infierno con un mensaje que decía lo siguiente:

Por favor devuelve a Core, si no estamos todos perdidos.

Y otro para Démeter en el que le confirmaba que podría volver a tener a su hija. Solamente había una condición, que ésta no hubiese probado bocado del infierno, pues quien lo hacía ya no puede abandonar dicho lugar.


Os lo imagináis, ¿verdad? Core, que durante días, desde su secuestro, se había negado a tomar cualquier alimento, incluso un medrugo de pan, justo en el momento en el que iba a abandonar el infierno para volver junto a su madre, cogió una granada del jardín y se comió siete granos, y tuvo la desgracia de ser vista por un jardinero de Hades.

Imaginaos en este momento la felicidad de Hades, quien conservaba a su reina y el enfado y la desesperación de Démeter, quien más abatida que nunca, lanzó el siguiente grito:


 Jamás volveré al Olimpo y nunca retiraré 
la maldición que he lanzado sobre la tierra.



 Ante esta situación, el fin del mundo estaba próximo, por lo que Zeus debía encontrar una solución y que mejor para ello que recurrir a su anciana madre Rea, también madre de Démeter y de Hades, para que intercediera. El acuerdo al que llegó fue el siguiente: Core pasaría tres meses al año en compañía de Hades como Reina del Tártaro, respondiendo al nombre de Perséfone y el resto del tiempo, nueve meses, estaría al lado de Démeter.

Y así sucede cada año. Cuando Core regresa al lado de su madre es primavera, los campos florecen y los árboles dan sus frutos y cosechas hasta el final del otoño. Pero, ¿qué hace Deméter cuando su hija parte al infierno? Pues enfandarse, o, tal vez, simplemente entristecerse. Por eso llega el invierno, la tierra deja de dar frutos, se vuelve estéril... hasta que Démeter y Core vuelven a estar juntas.



Si os ha gustado y queréis conocer más post en los que de una manera amena hemos intentado introducir la mitología griega a nuestros jóvenes, pinchad en el siguiente enlace.







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