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viernes, 6 de febrero de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Edipo y la Esfinge. Cuando la inteligencia pudo con la fuerza y terror.

En la antigua Grecia los dioses eran muy duros, podríamos definirlos como implacables, con todo aquel que les decepcionaba. Aunque probablemente una de las más temidas era Hera, la mujer legítima de Zeus y reina de los dioses, porque su carácter vengativo hacía que jamás perdonase ninguna ofensa.

 Gustave Moreau, El pavo real contemplando a Hera.

Y sino que se lo cuenten a los habitantes de Tebas, una ciudad situada a unos 40 km de Atenas, que tuvieron que sufrir durante años el terrible castigo que Hera les envío por un crimen cometido en su ciudad. ¿Cúal era el castigo? Os lo cuento, pero tiene que ver con uno de esos terribles y temidos monstruos mitológicos de los que tanto hemos hablado en RZ100 Cuentos de boca (aquí).


Detalle de Edipo y la esfinge de François Xavier Fabre

Para los Griegos la Esfinge era un monstruo colosal del cual no sabemos muy bien su origen: para unos era única y de ascendencia divina, para otros una especie de animal nacido en el corazón de África, pero en lo que todos se ponían de acuerdo era en considerarla una especie de demonio encargado de destruir y devorar a todo cuanto se ponía en su camino.

Su imagen ya era terrorífica: rostro y cabeza de mujer, patas de león, cola de serpiente y enormes alas de águila.

 Edipo y la esfinge de François Xavier Fabre

Pues bien, este terrible monstruo fue el castigo que Hera mando a la ciudad de Tebas. Colocada en un desfiladero a la entrada de la ciudad por el que debía pasar todo aquel que quería acceder a la misma, en cuanto veía que alguien la Esfinge se acercaba le cerraba el paso, le obligaba a deternerse y con voz muy dulce le decía:

Si quieres seguir adelante deberás 
acertar el siguiente acertijo.

Y es que la aterradora criatura tenía la curiosa costumbre, antes de convertir a sus víctimas en comida, de plantear enigmas muy difíciles, practicamente imposibles de responder para el común de los mortales, a cambio de dejarles ir tranquilamente. 

Os podéis figurar el miedo del viajero cuando con un nudo en la garganta y sin apenas voz le preguntaba:

¿Y si no acierto que pasará?   

A lo que ella sin piedad respondía:

Pues que no tendré más remedio
 que castigar tu total ignorancia.

  Jean-Auguste Dominique Ingres, Edipo y la Esfinge, 1808.  

Y justo en ese momento, con la voz más dulce y embaucadora que os podáis hacer a la idea, la Esfinge pronunciaba su enigma:


Cuál es el ser que sólo tiene una voz y
anda con cuatro patas a la mañana
con dos al mediodía,
 y tres por la tarde.

Ante la dificultad de la pregunta el viajero se ponía a temblar, a sudar de miedo, a balbucear.... y aunque hacía todo lo posible por encontrar la respuesta el pánico que sentía le bloqueaba y le era imposible pensar con claridad.

La Esfingeque gozaba con la situación, impasible y en silencio observaba al viandante y cuando ya consideraba que había disfrutado suficiente le preguntaba con cierto cinismo.

¿Es que no sabes la respuesta?

No hacía falta que la Esfinge dijese nada más, el viajero ya sabía cuál era su destino. La Esfinge aproximaba sus manos al cuello del pobre viajero y con todas sus fuerzas acababa con él.




Durante años la Esfinge sembró el terror entre los ciudadanos de los alrededores. Nadie estaba libre de sus malas mañas y los habitantes de Tebas asumieron con resignación que podían ser presas del monstruo en el momento menos pensado. Todos sabían lo qué había que hacer para librarse de ella: resolver el acertijo, pero nadie era capaz de encontrar la respuesta.

Las cosas cambiaron de repente cuando apareció en la ciudad un forastero de nombre Edipo que conocedor de su gran inteligencia fue a Tebas a medirse con el temible monstruo. En cuanto la Esfinge le vio pasar por el desfiladero se interpuso en su camino y, tras presentarse y dar cuenta de sus intenciones, lanzó su acertijo:

Cuál es el ser que sólo tiene una voz y
anda con cuatro patas a la mañana
con dos al mediodía,
 y tres por la tarde.

 

Gustave Moreau, Edipo y la esfinge, 1864

 
Edipo, que sabía muy bien a lo que se enfrentaba, escuchó el enigma con total atención  esforzándose por averiguar la respuesta. Pese a los esfuerzos que hacía no daba con la solución, así que intentando buscar una mayor concentración tomó un palo, dibujo un círculo en el suelo y se introdujo dentro. Allí estuvo más de una hora hasta que por fin, con voz clara y potente, dijo:


La solución a tu enigma es el HOMBRE. 
Es él quien tiene una voz que habla.
Es él quien quien de recién nacido
en su gateo, anda a cuatro patas.
De adulto, en el mediodía de su vida, 
camina sobre sus dos pies.
Ya de mayor, en su vejez, necesita de un bastón
su tercera pata, para poder caminar.


La Esfinge no podía creer lo que acababa de escuchar. Su cara siempre impasible comenzaba a reflejar el horror. Un humano había sido capaz de desvelar su enigma. Edipo, ese forastero lo había adivinado y debía dejarlo ir.

Desesperada y sin poder aceptar su derrota perdió el control sobre sí misma y se lanzó desde lo alto del desfiladero.



Por fin la ciudad de Tebas había sido liberada del miedo y del horror. Una vez más la inteligencia había ganado a la fuerza y al terror. Edipo en compensación fue coronado rey de Tebas. Parecía que lo tenía todo para ser feliz: bondad, inteligencia, poder... 

aunque la historia a veces se complicaba 
y él que tan bien había descifrado el enigma de la Esfinge 
no conocía el suyo propio. 


Pero esta es otra historia que contaremos otro día...



Si te ha gustado y te apetece seguir leyendo mitos contados para niños, pincha en los siguientes enlaces.







viernes, 6 de junio de 2014

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: La Esfinge o el arte de formular enigmas

Cuando pensamos en una Esfinge nuestra cabeza rápidamente viaja a Egipto y se imagina un soberbio león recostado con el torso de un hombre y ataviado con tocado de  dioses. Pues bien la Esfinge de la que hoy vamos a hablar no nos va a llevar a Egipto sino, como todos los viernes, a la Antigua Grecia pues en su mitología también encontramos una, aunque su función y apariencia dista bastante de la de Egipto.


En la mitología griega la Esfinge era un demonio que presagiaba mala suerte, muerte y destrucción. Su apariencia seguía siendo la de un león con torso humano pero, en este caso, el de una mujer, con alas cual ave rapiña y un cuerpo que acaba en cola de león o de serpiente, dependiendo de las descripciones.


Esta Esfinge tenía aterrorizada a la población de la ciudad de Tebas. Había sido enviada por Hera -¿Os acordáis de Hera? ¿La mujer de Zeus, reina de todos los dioses y diosa del matrimonio, que os presentamos cuando hablamos de Argos, el monstruo de los cien ojos? (si queréis leerlo pinchad aquí)- para castigar a la ciudad por el crimen que había cometido Layo. Tranquilos que os sitúo pues este personaje tiene mucho peso en la leyenda que hoy os vamos a contar.


Layo era el heredero legítimo del trono de Tebas pero había sido desterrado por Zeto y Anfión (realmente para lo que hoy nos ocupa nos dan igual estos dos nombres) y se refugio en el reino de Pélope, quien lo acoge en su corte gustoso y hospitalario.

Lo que no sabía Pélope es que Layo se iba a enamorar de su hijo y que lo iba a raptar. Os podéis imaginar que el amor entre dos personas del mismo sexo no estaba muy bien visto en este momento y que la reacción de Pélope fue todo menos comprensión. Lo que realmente hizo fue maldecirlo y con ello continuar la maldición de los Labdácidas, dicho de manera más sencilla de la familia de Layo.


Pero no fue a Pélope al único que enfureció Layo con sus actos. El enfado de Hera, diosa del matrimonio, fue monumental y decidió enviar como castigo a la esfinge a la ciudad de Tebas.

La esfinge se estableció en una montaña, al oeste de la ciudad y desde allí atemorizaba a la población devorando a los traseuntes que había a su paso. Este terrorífico animal había herededado de las musas una curiosa cualidad: la de plantear enigmas. Precisamente resolviendo estos enigmas, acertijos o adivinanzas -llamadlos como queráis- era la única manera que tenían los viajeros para salvarse, pero ninguno lo había conseguido hasta el momento. 


¿Qué enigmas planteaba para que nadie diese con la respuesta correcta? Pues algunos tal que así:

¿Cuál es el ser que anda ora con dos, ora con tres, ora con cuatro patas 
y que, contrariamente a la ley general, es más débil cuantas más patas tiene?

o: 

Son dos hermanos, uno de las cuales engendra a la otra y,
 a su vez, ésta es engendrada por el primero 



La respuesta del primer enigma "El hombre" y la del segundo "El día y la noche". Pero aunque ahora nos parezcan sencillísimos ningún habitante de Tebas había sido capaz de dar con la repuesta correcta y cuando esto sucedía la esfinge los mataba estrangulándolos con su cola, -de ahí su nombre, sphingo en griego significa “la estranguladora”- o según otras descripciones deborándolos. Ningún habitante de Tebas excepto Edipo. 


Y para seguir el hilo de la leyenda debemos volver a nuestro primer protagonista, a Layo. Si recordáis lo habíamos dejado huyendo de la corte de Pélope y con una maldición encima por el crimen cometido. Pues bien está parte de la historia se queda en reposo, en stand by y consigue volver a Tebas, pues cuando los que le había usurpado su trono legítimo desaparecieron, fue llamado por la ciudad para ocupar el trono que le correspondía. Ya rey se casó con Yocasta y de esta unión nació un hijo de nombre Edipo


Pero al nacer Edipo ya pesaba sobre él una maldición (recordad que Layo esta maldito por Pélope): Edipo mataría a su Padre. Os podéis imaginar que Layo hizo todo lo que estuvo en su mano para que el oráculo no se cumpliese: le perforó los tobillos para atarlo con una correa -de la hinchazón que le provocó está barbaridad viene su nombre: Edipo el del pie hinchado- y lo metió en una canasta y lo arrojó al mar (en otras descripciones en vez de arrojado al mar nos lo encontramos abandonado en el monte). Sea como fuere el niño fue acogido por Pólibo y criado como un hijo en su corte.


Allí pasó su infancia y adolescencia feliz, creyendo sinceramente que Pólibo era su padre. Pero cuando se hizo hombre abandonó a sus padres adoptivos y se puso a recorrer mundo. Los motivos de su abandono varían según las versiones pero lo que no cambia es que en este viaje se encuentra, en un camino estrecho con escaso sitio para pasar, con Layo, su verdadero padre.


Obviamente Edipo no tenía ni idea de que ese señor, que era el rey, cuyos lacayos le estaban ordenando que se retirase prestamente para dejarle paso, era su padre. Lo cierto es que muy rápido no se debió retirar pues el heraldo de Layo, Polifonte, indignado ante la falta de respeto de Edipo mató a unos de sus caballos. Y la reacción de Edipo fue matar a Polifonte y a Layo. La profecía se cumplía, Edipo sin saberlo mataba a su padre. De poco le sirvió a Layo haber intentado huir de su destino.


Curiosamente Edipo estaba huyendo de Delfo, donde el oráculo le había predicho que mataría a su padre y se casaría con su madre. Aunque para la segunda parte de predicción tenemos que volver a hablar de la esfinge.


Tras matar a Layo, todavía sin saber que había matado a su padre, Edipo continuó su camino y llegó a Tebas y allí se encontró con la Esfinge quien como siempre lanzó sus acertijos esperando poder acabar pronto con su nueva presa. Pero Edipo enseguida dio con las respuestas correctas y el monstruo, despechado, se precipitó desde lo alto de la roca al abismo. Triste y rápido final para un monstruo que había  tenido aterrorizado a todo un pueblo. Edipo había conseguido lo que nadie liberar a Tebas de la Esfinge.


¿Os imagináis que pasó después? Pues cuando los habitantes de Tebas supieron de la hazaña de Edipo se ganó el favor de toda la ciudad y para demostrar su agradecimiento le dieron aquello que consideraban más precisado: el trono de Tebas y a la viuda de Layo, a Yocasta, como legítima esposa

La profecía del oráculo de Delfos se cumplía: 

Edipo mataría a su padre y se casaría con su madre.


Si os ha gustado, el próximo viernes tendréis otro monstruo mitológico. Una manera divertida y amena de  introducir a nuestros niños en el fascinante mundo de la mitología.

Pinchando en el siguiente enlace accederéis a la lista de los 20 monstruos que en las próximas semanas comentaremos.