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jueves, 11 de junio de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Hércules y Can Cerbero, el último de sus 12 trabajos.

Por fin Hércules veía luz al final del camino. A la espera de la orden de Euristeo que le indicara su último trabajo hacía recuento de cuantas dificultades había tenido que superar en estos años al servicio de su enemigo.  Trabajos imposibles en donde se había enfrentado a los más terribles y temibles monstruos, a plagas, a tareas sobrehumanas ....aunque lo que todavía no sabía es que el trabajo que le quedaba por cumplir iba a ser el más difícil y peligroso de todos.
En tu último trabajo descenderás al reino de los muertos y me traerás al Can Cerbero.
Cerbero era, ni más ni menos, que el perro de Hades, el dios de los infiernos.



Un monstruo de tamaño descomunal hijo de Tifón y Equidna que suele ser descrito como un perro de tres cabezas y cola de serpiente de cuyo dorso salían incluso, según algunos, multitud de cabezas.  Un monstruo que permanecía siempre atado a la puerta del Infierno para cumplir fielmente su misión:

Impedir que ningún vivo entrase al mundo subterráneo ni ningún muerto saliese de él.


Y es que los vivos tenían terminantemente prohibido descender al Tártaro, el espantoso y temido reino subterráneo del dios Hades (aquí) y el humano que osaba contradecir la orden jamás salía de él.

Tras más de tres meses dando cuenta de sus hazañas, no nos queda la menor duda que el valor, la fuerza y la inteligencia de Hércules eran inmensas. Pero que para salir airoso de este trabajo Hércules iba a necesitar algo más que estas cualidades. Por ello pidió ayuda a su padre Zeus quien hizo que Hermes y Atenea le acompañasen y ayudasen a cruzar el umbral que tan pocos mortales habían conseguido atravesar vivos,  además de instar al propio Hércules para que se iniciase en los misterios de Eleusis.



Y me preguntaréis, ¿qué son los misterios de Eleusis? Ritos de iniciación a través de los cuales Hércules aprendió la manera de llegar con plena seguridad al otro mundo después de la muerte.

Persuadido por Hermes, Hércules consiguió que Caronte, el barquero de los infiernos, cruzase el río Aqueronte con un vivo en su barca. Cuando ya por fin llegaron al otro lado del río Hércules se percató de que las sombras de los muertos huían de su presencia. Solo hubo dos que osaron mantener su mirada: Medusa y Melegrao.


La terrible mirada de Medusa (aquí) -el monstruo de las mil serpientes por cabellera, desafiante con sus ojos encendidos en sangre capaces de convertir en piedra a quien se cruzaba con ella- hizo que Hércules desenvainase su espada para acabar con ella, algo que no era necesario pues como bien le recordó Hermes estaban en el reino de los muertos y lo que estaba viendo era solamente una sombra.


Diferente fue su encuentro con Meleagro. En un principio Hércules también creyó ver en él a un enemigo pero en cuanto la sombra del guerrero le contó su triste historia, Hércules quedó totalmente conmovido y le prometió que cuidaría de su hermana Deyanira, casándose con ella. Una promesa que por supuesto Hércules cumpliría, aunque tal vez de haber sabido las consecuencias que esa boda para él tendría, se lo hubiera pensado un poquito más... Pero esto me lo reservo para la próxima semana.

En ese camino por los infiernos en busca de Hades, Hércules se topó de repente con un cuerpo vivo, que desatacaba entre tanta sombra. Era el héroe Teseo, ese al que conocimos liberando al pueblo de Creta del Minotauro (aquí), y al que Hades había encadenado en sus dominios por haber intentado raptar a su mujer Perséfone. Hércules sabía que héroes como Teseo eran muy necesarios en el mundo de los vivos por lo que consiguió que Perséfone le perdonase y le diera permiso para desatarlo de las cadenas y liberarlo.


Por fin, terriblemente cansado por lo mucho caminado y por la agonía y la desesperación que había visto en los ojos de las sombras, Hércules llegó frente al temible Hades, el rey y señor de los muertos y como en otras ocasiones había hecho, con la máxima educación y respeto posible, le rogó al dios que le permitiera llevarse a Can Cerbero al reino de los vivos.

Solicito vuestro permiso para llevarme a vuestro perro Cerbero al reino de los vivos.

Y para sorpresa de todos nosotros, ¿sabéis lo que le respondió Hades?

Puedes llevártelo. La única condición es que logres dominarlo sin armas y sin hacerle ningún daño.

Hércules únicamente iba a poder contar con su piel de león por armadura y sus manos desnudas como armas. Por supuesto lo consiguió. Hay varias versiones sobre cómo lo hizo, algunos dicen que Cerbero practicamente asfixiado por las manos de Hércules se dejo poner el collar. Aunque la parte que a mi más me gusta es la que cuenta que Hércules trató con tanto afecto al animal que esté le respondió con su docilidad. 

Y es que el cariño logra verdaeros milagros.


Hércules llevó al animal hasta Micenas. Por supuesto Euristeo cuando vio a Cerbero le entró tal ataque de pánico que se escondió donde siempre lo hacía, en su ridícula tinaja.


Por fin Hércules había conseguido completar los diez trabajos, realmente gracias a Euristeo doce, a los que el oráculo (aquí) le había condenado. La próxima semana veremos si el perdón predicho también se cumple.


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viernes, 5 de junio de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Hércules y las manzanas de las Hespérides

Ocho eran ya los años que Hércules llevaba cumpliendo con los trabajos que Euristeo le mandaba y a pesar de que en este tiempo Hércules había salido airoso de las diez pruebas que había tenido que llevar a cabo, todavía le quedaban por cumplir dos trabajos más. En el undécimo que hoy vamos a narrar, nuestro héroe tendrá que viajar hasta los confines del mundo en busca de tres manzanas del jardín las Hespérides.



¿Unas simples manzanas?, os preguntaréis. Hércules que había podido con los mayores monstruos de la mitología, que había limpiado al mundo de plagas. El héroe que con solo unos meses de vida fue capaz de estrangular, como si de dos juguetitos se tratasen, a dos enormes serpientes pitón enviadas por Hera para acabar con él y su hermano (aquí). El Héroe más fuerte de cuantos han éxito,  el más célebre de todos los héroes griegos, paradigma de la fuerza, el coraje, el orgullo, el vigor; capaz de acabar con la Hidra de Lerna (aquí), con el León de Nemea (aquí), con el Toro de Creta (aquí); capaz de domar a las yeguas de Diomedes (aquí)... es a este héroe al que ahora se le enviaba a coger unas manzanas.

Pero no os llevéis a engaño pues estas manzanas no eran cualquier cosa,


Eran las manzanas de Hera.



Hacía muchísimos años cuando Hera y Zeus se casaron su madre, Gea, regaló a Hera tres manzanas. Tres frutos que gustaron tanto a la diosa que los mandó plantar en el jardin secreto de los dioses. Y para que nadie osase cogerlas encargó cuidar y vigilar, ayudadas por Ladón, un terrible dragón de cien cabezas, a unas bellas ninfas que conocemos como Las Hespérides.

Con estos datos ya os figuráis que este nuevo trabajo no iba a ser tampoco nada fácil, pues la orden de las manzanitas en cuestión era la siguiente.

Hércules debía llevar a Micenas tres de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides.

Y figuraos si iba a ser difícil que en esta ocasión por no saber, Hércules no sabía tan siquiera en dónde buscar. Sí, sí lo que estáis leyendo, la primera gran dificultad que debía solventar Hércules era localizar el jardín pues nadie conocía realmente dónde se encontraba. Aunque esto no era del todo cierto pues unas ninfas le dijeron a Hércules que el dios marino Nereo, tal vez pudiera indicarle el camino.

Aunque sonsacar a Nereo, maestro absoluto de la metamorfosis que utilizaba para escabullirse de toda situación complicada, tampoco iba a resultar tarea sencilla.



Ayudado por las ninfas, Hércules localizó a Nereo y aprovechando que estaba dormido se abalanzó sobre él para inmovilizarlo.  Cuando el dios se despertó y se encontró apresado por los brazos de Hércules, quiso soltarse pero Hércules le dijo:

No te soltaré hasta que no me indiques el camino al jardín de las Hesperides.

A lo que el dios respondió.

Tal vez no sueltes a un viejo dios pero, ¿a un pobre animal?

Y el dios se transformó en toro. Hércules que seguía abrazado a él tuvo que utilizar toda su fuerza, inteligencia y paciencia para retener entre sus brazos al dios y éste cuando vio que tomando esta apariencia no lograba liberarse se transformó en serpiente. Aunque mucho más difícil de retener para Hércules fue cuando la serpiente se fundió, se volvió líquida y asumió forma de agua.  Hércules la retuvo entre sus manos hasta que empezó a crepitar y a teñirse de color rojizo.

El agua se había transformado en fuego.

Fuego que Hércules retuvo con una rama. El dios cansado y admirado ante lo que había visto le reveló el lugar en el que se encontraba el jardín de las Hespérides.

El lugar que tú buscas se encuentra en el extremo de occidente, en las tierras de los hipèrbóreos.



Según la mitología griega, Hiperbórea era una tierra mágica donde 
siempre era de día y brillaba el sol, y cuyos habitantes gracias a todos 
los recursos que poseían eran eternamente felices.


Y hacía allí encaminó sus pasos Hércules. Tras muchos días caminando y cuando ya se hallaba muy lejos de todo mundo conocido Hércules vio un gigantesco ser encadenado a una montaña. Era el titán Prometeo, ¿os acordáis? (aquí), a quien Zeus había impuesto un terrible castigo por haberle engañado y haber robado el fuego para dárselo a los hombres.


Prometeo lleva el fuego a la humanidad, de Heinrich Friedrich Füger (1817).

El pobre Prometeo llevaba más de tres mil años sufriendo una terrible tortura. Zeus había ordenado que lo encadenasen a una montaña en la que todos los días un águila feroz se alimentaba con su hígado, hígado que  por la noche volvía a crecer para que la tortura pudiese comenzar nuevamente. 

¡¡¡Terrible condena por haber enseñado y educado a los hombres!!!


Durante estos tres mil años nadie, por miedo a las represalias de Zeus, había sido capaz de ayudar a Prometeo. Nadie hasta que llegó Hércules.

El martirio de Prometeo, de Tiziano (1549)


Cuando Hércules vio semejante atrocidad no lo dudo ni un instante. Sacó sus flechas envenenadas y mató al águila liberando al titán de su tortura.

Infinitamente agradecido Prometeo no solo le indicó el camino sino que le dio un consejo de suma importancia.

Solamente hay un ser en todo el Universo capaz de poder salir airoso del jardín de las Hespérides con las manzanas en la mano. Este ser es el gigante Atlas, el padre de las Hespérides. Pídele a él que te ayude en esta tarea.



Y en su busca partió Prometeo.

Atlas, que era un titán hermano de Prometeo, también tenía una pesada, nunca mejor dicho, penitencia, pues debía cargar sobre sus hombros la bóveda celeste. Había sido condenado a llevar esta carga día y noche para que el cielo no cayese encima de la cabeza de los hombres. Así que cuando Hércules se ofreció a sustituirlo durante un tiempo para que pudiese ir al jardín y tomar las manzanas,  no se lo pensó ni un momento. Lo único que deseaba era poder descansar un poco y parecía que lo iba a conseguir. Solamente puso una condición:

Antes Hércules debía matar a Ladón, el dragón de las cien cabezas.



Por supuesto Hércules lo hizo y de un solo flechazo atravesó el corazón del temido dragón, cayendo simultáneamente al suelo las cien cabezas.

Cuando Altas se cercioró de que no había peligro colocó con sumo cuidado el cielo sobre los hombros de Hércules y partió en busca de las manzanas. La tarea realmente le llevó poco tiempo y al cabo de unas horas estaba de vuelta con las manzanas en la mano.



Pero, ¿qué pasa cuando uno consigue la libertad? Pues que no quiere perderla, así que pensó en engañar a Hércules para que fuese él quien a partir de ese momento cargase con el peso del mundo.

Vaya fuerza que tienes Hércules. Nunca lo hubiese pensado. Ya que aguantas también y estás también colocado por qué no le llevo yo las manzanas a Euristeo y dentro de un rato te remplazo.

Hércules que era listo como el hambre, no se dejó engañar y le dijo:

Vale pero hagamos antes una cosa. Sujeta un momento la bóveda mientras yo me colocó un cojín para estar más cómodo.

Atlas aceptó el trato y volvió a cargarse el cielo sobre sus hombros. ¿Sabéis lo que hizo Hércules, verdad?

Salió de allí volando, eso sí con las manzanas de oro bajo su brazo.

Las Hespérides bailando en torno al árbol, de Edward Calvert (1799 - 1883)


Cuando llegó a Micenas Euristeo no sabía que hacer con semejante regalo así que decidió consegrárselo a Hera. La diosa las devolvió nuevamente al jardín de las Hespérides y aunque estaba un poco triste por haber vuelto a "perder" frente a Hércules entre sus sentimientos empezaba a aflorar uno nuevo: la admiración hacia un héroe que conseguía lo imposible.

Os espero el viernes que viene con el último trabajo.




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viernes, 29 de mayo de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Hércules y los bueyes de Gerión.

Euristeo miraba con orgullo la felicidad con la que su hija Admete portaba el preciado cinturón de la reina de las amazonas (aquí). Él que se había vanagloriado siempre de conceder a su amada hija todo lo que ésta había deseado, no se podía imaginar que algo le pudiese aportar tanta satisfacción a su niña. Así que tuvo una idea:

¿Por qué en lugar de pedir a Hércules tareas terriblemente complicadas pero que en realidad nada a él le aportaban, ordenaba como décimo trabajo algo que realmente él, rey de Micenas, desease tener? 

No era sencillo, pues Euristeo tenía mucho más de lo cualquiera de nosotros soñamos, pero pensando recordó que desde hacía muchos años codiciaba en secreto algo que por creer inalcanzable había olvidado:

 Tener en sus establos el ganado del gigante Gerión.



Realmente muy poca gente había visto este ganado compuesto por bueyes y vacas rojas pues su dueño era Gerión, un gigante colosal, para muchos el ser más fuerte de la tierra cuyo cuerpo tenía unas dimensiones absolutamente desproporcionadas: era triple hasta las caderas y contaban que sus piernas soportaban tres cuerpos, seis brazos y tres cabezas... ahí es nada... 

Pero además Euristeo quería que la prueba fuese muy complicada y no le servía que Hércules obtuviese el ganado de cualquier manera, así que le impuso la siguiente condición:

Debes conseguir traerme el ganado de Gerión pero no puedes ni comprarlo ni pedirlo.

En otras palabras Hércules debía robar el ganado a uno de los seres más terribles de la tierra.

(Ilustración de M. Cabassa, es el gigante Gerión o, también llamado Gritón. 
Fuente:

Esta vez a Hércules el viaje se le hizo eterno. Nuestro gigante habitaba  al otro lado de los confines del mundo, en la isla de Eritia, en las brumas del Occidente -luego os cuento porque esa isla tiene mucho que ver con nosotros-. Para llegar allí Hércules hubo de atravesar el desierto africano, donde el calor y el sol le agobiaron de tal manera que nuestro héroe se reveló contra el dios Helio disparándole flechas envenenadas. La verdad que la osadía le podía haber salido muy cara a Hércules, pues ya sabemos que uno no suele salir muy bien parado cuando se revela contra los dioses, pero en este caso a Helio le hizo gracia la reacción del mortal y en lugar de enfandarse con él decidió ayudarle a cruzar el océano.

Si dejas de enviarme flechas te prestaré mi copa para que cruces el océano.
Hércules no podía creer lo que el dios Helio le estaba ofreciendo. Ni más ni menos que su copa dorada, ésa que el sol utiliza cada noche para hacer su camino por debajo del mar y de la tierra sin que nadie le vea y así regresar a su palacio ubicado en el Oriente del mundo. Ésa gracias a la cual el sol nos sorprende cada mañana saliendo por el Este a pesar de esconderse todas las noches por el Oeste. 



Y así, a bordo de la preciada copa, Hércules llegó al reino de Gerión. Nada más desembarcar en la playa, cuando apenas le había dado tiempo para divisar la montaña en la que estaba pastando el ganado, un furioso monstruo de dos cabezas y amplios colmillos se abalanzó contra él.

Era Ortro, el terrible perro -hijo de los aún más temibles Equidna y Tifón- encargado de custodiar, junto con el pastor Euritión, el ganado de Gerión.  
Hércules no lo dudó un instante, cogió su ya famosa maza, esa que le acompañaba desde el primer trabajo y lo abatió de un solo golpe. En cuanto el pastor Euritión se percató de la situación acudió en ayuda de su perro, pero exactamente de la misma manera, fue vencido por Hércules.

Fuente:


Rapidamente Hércules empezó a reunir el ganado y a subirlo a la copa de oro. Cuando apenas faltaban una décena, cuando todo indicaba que el décimo trabajo iba a llegar a buen puerto...

  el suelo comenzó a temblar.

Desde ese mismo momento Hércules supo que se encontraba ante su tarea más difícil, ante la única que pese a no cumplirla en su totalidad Euristeo la daría por completada.

Nuestro héroe iba a sudar más de la cuenta para llevar los bueyes de Gerión a Micenas y el problema no iba a ser únicamente el terrible gigante. Pero vayamos poco a poco.



Como ya os he dicho, cuando apenas faltaban diez bueyes de los mil que componían el preciado ganado de Gerión por subir a la barca, el suelo comenzó a temblar. Hércules no tuvo ninguna duda de dónde provenían las sacudidas: era el gigante Gerión que se aproximaba a la playa. Pero pese a estar advertido lo que Hércules vio al girar su cabeza fue espeluznante.

Un ser colosal del tamaño de una montaña se estaba aproximando.  De su tronco salían seis brazos del tamaño de seis árboles que culminaban en unos puños cerrados y duros como si de rocas se tratasen. 

Por si esto fuese poco sus seis ojos miraban desde lo alto al diminuto ser que había osado matar a su perro con una sed de venganza pocas veces vista por Hércules hasta ese momento. No había tiempo para pensar. Hércules debía actuar rápidamente, solamente tenía una oportunidad pues ya sentía el aliento del gigante:

Cogió una de sus flechas envenada y la disparó.

Acababa de acertar de pleno en el corazón y el Gerión se tambaleó. Pero si recordáis  de las piernas de nuestro gigante salían tres cuerpos, por lo que para acabar con él había que acabar con cada uno de sus corazones. Hércules lanzó dos flechas y... 

Abatido el gigante cayó al suelo.



Hércules, ahora sí con los mil bueyes embarcados en la copa de oro, puso rumbo a Micenas. Pero con lo que no contaba nuestro héroe era que su valioso rebaño, no solamente era deseado por Euristeo también...

Iba a atraer la atención de los bandidos más famosos y peligrosos del mundo.
Así que su viaje de vuelta lejos de ser una plácida travesía en la que saborear el trabajo bien hecho, se convirtió en la más dura de las aventuras. 



Hércules se las tuvo que ver con los ligures, un pueblo salvaje al que para vencer tuvo pedir ayuda a su padre Zeus, pues eran tantos que las flechas se le acabaron. Aunque probablemente la situación más complicada se la puso el ladrón más famoso de su época. ¿Sabéis cómo se llamaba? Caco. Figuraos si era famoso que les dio su nombre a todos los ladrones. 




Famoso, listo y buen ejemplo de que antes se coge al mentiroso que al cojo. Si os parece, os cuento porque realmente casi logra quedarse con parte del ganado de Gerión

Robó parte del rebaño de noche y para que Hércules no fuese capaz de seguir sus huellas se llevó las reses tirándolas de la cola, de esta manera iban dejando la huella al revés y encima pisaban sobre la huella que habían dejado al entrar. Cuando Hércules se despertó no entendía nada. Enfadado, pero sin saber qué hacer, se pusó en marcha con el rebaño que quedaba.  

Pero ya os he dicho que antes se coge al mentiroso que al cojo. ¿Cómo logró Hércules encontrar su rebaño?  Pues porque el propio ganado delató a Caco. 



Caco para evitar que Hércules encontrase al ganado lo encerró en una cueva que tapió. Todo muy bien pensado: no había huellas,  no había rastro de los animales que estaban muy bien escondidos y éstos no podían salir. Pero con lo que no contaba Caco era con que las vacas hablan entre ellas o al menos mugen. Cuando el ganado que todavía le quedaba a Hércules pasó cerca de la cueva, debieron oler y empezaron a mugir, mugido que fue devuelto por las encerradas. Os figuráis lo siguiente: 

Hércules rompió la tapia y pudo recuperar la parte del ganado robado.
Pero no os creáis que la historia se acaba aquí. Ya os he dicho que estamos ante el trabajo más complicado de Hércules.



Cuando Hércules estaba prácticamente llegando a Micenas, Hera -sí, otra vez Hera- que no podía soportar que Hércules consiguiera culminar el trabajo decidió enviarle una plaga de tábanos que se dedicaron a picar a las reses. Las pobres vacas y los bueyes que no entendían nada, se empezaron a poner muy nerviosos e intentando huir de los tábanos comenzaron a correr desesperadamente dispersándose por los valles y las montañas. 

Hércules no podía creer lo que estaba viendo y no sabía qué hacer. Si corría hacia la derecha, se le escapaban por la izquierda. Si corría hacia la izquierda se iban las otras... Era absolutamente desesperante. 

Al final, con gran esfuerzo reunió una parte  del ganado y con él se presentó donde Euristeo.

Euristeo, pese a dar por bueno el trabajo, no os creáis que se lo agradeció o al menos mostró una mínima satisfacción por el tesoro que Hércules le había traído. Lo único que hizó fue reprocharle lo mucho que había tardado en completar el décimo trabajo.


Se me olvidaba. ¿Sabéis donde estaba Eritia, ese lugar que se nos describe como las brumas de Occidente, los confines del mundo? Pues mirad el mapa.  


Hasta el sur de España tuvo que venir Hércules para cumplimentar su décimo trabajo. Y es que para los Griegos Gibraltar y las "Dos columnas" de Hércules era el límite del mundo conocido, el fin del Mediterráneo. Más allá de esas fronteras un mundo de desconocimineto, de caos, de brumas, temores y leyendas. Un Océano Atlántico por descubrir...

pero esto hablaremos otro día.

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miércoles, 6 de mayo de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Hércules y el toro de Creta, su séptimo trabajo.


Euristeo estaba cansado de que Hércules saliese airoso de todas las pruebas a las que le sometía. Tras su último triunfo en el que había sido capaz de acabar con las miles de aves rapaces que poblaban el lago Estínfalo y que con sus terribles picos, garras y plumas de bronce mataban y devoraban a cuanto viajero se les ponía al paso (aquí), Euristeo debía volver a pensar en un trabajo digno de Hércules y esta vez quería que fuese algo realmente complicado o que al menos le tuviese apartado por un buen tiempo del Peloponeso, en donde la gente, muy a su pesar, seguía reconociendo los actos de Hércules como si de un gran héroe se tratase.

Así que para el séptimo trabajo decidió enviarlo a Creta y enfrentarlo a lo más complicado que en esas tierras había:  el toro de Creta, un descomunal animal que tenía aterrorizada a la población desde hacía bastante tiempo.

Hércules debía capturar al toro de Creta y traérselo vivo a Euristeo.



Como siempre Hércules sin rechistar, se puso en camino y mientras hacía la travesía en barco,  uno de los marineros le puso en antecedentes explicándole los motivos por los que su nuevo contricante no era, ni mucho menos, un toro cualquiera.

Y es que la historia de este toro había comenzado hacía ya unos años, cuando murió Asterión, el antiguo rey de Creta. Éste tenía tres hijos que a su muerte se disputaron el trono: Minos, Serpeón y Radamantis.

Aunque la disputa acabó pronto pues el primero de ellos, bastante soberbio por cierto, decidió que él era el elegido por los dioses para asumir el trono. A sus hermanos, como os podéis figurar, la idea les pareció bastante egoísta y pretenciosa, por lo que le pidieron a Minos una prueba que certificase la predisposición de los dioses hacia él.




Minos, más chulo que un ocho, dijo que por supuesto. Estaba seguro de que los dioses le concederían todo lo que él les solicitara y para demostrárselo pidió que un toro bravo saliese del agua. Lo que  Minos no les dijo a sus hermanos es que había prometido a Poseidón, el rey del mar, sacrificar ese toro en su honor en cuanto saliese.

Poseidón cumplió su parte y del mar emergió un soberbio toro blanco como el mármol que hizo que Minos se convirtiera en rey.




El problema fue que a Minos le gustó tanto, tanto, tanto el animal que se olvidó de su parte del trato y decidió conservarlo sacrificando en su lugar a otro toro.

Os podéis figurar lo que viene ahora. A quién se lo ocurre pretender engañar a un Dios. Poseidón terriblemente molesto y enfadado con Minos convirtió al bello animal en un monstruo terrible que devastaba y devoraba cuanto había a su paso y tenía aterrorizada a toda la población de Creta. 

Desde entonces no hubo cercado,
 ni establo, ni riendas 
 que pudieran con el toro de Creta.

Mientras Hércules escucha la historia, en su cabeza, una y otra vez, surgía la misma pregunta:

¿Cómo se puede dominar a un animal en el que está contenida la furia de un Dios?



Tras días de travesía llegaron al puerto de Creta. Nada más bajarse del barco Hércules se dio cuenta que estaba ante una ciudad sobrecogida, en la que el terror se sentía en el ambiente.

En sus calles no había gente,
lo único que se divisaba eran  las terribles huellas dejadas por el toro:
árboles arrancados, casa destrozadas, sangre por doquier...

De repente Hércules escuchó un  ruido sordo, seguido de un temblor:


Eran las patas del toro que había decidido salir de su escondite en busca de una nueva presa.

De nuevo Hércules se encontraba solo frente a la fiera  y como siempre sucedía en lugar de aminalarse se enfrentó a él. Quieto, sin hacer el más mínimo ruido y con los nervios templados como el acero, esperó a tener al animal frente a él.

En el momento en que sus miradas se cruzaron  el animal
arremetió contra Hércules quien consiguió echarse a un lado.

El animal no estaba aconstumbrado a que alguien le retase por lo que rápidamente volvió a la carga y fue en ese momento cuando Hércules, de un salto, logró trepar a su lomo.

Así comenzó una lucha entre el hombre y la bestia, entre el jinete y el toro. Durante horas, con Hércules agarrado a su cuerno, el toro brincaba, corcoveaba tratando de  liberarse de ese inesperado jinete que vestido cual un león resistía como ningún otro ser humano hubiera podido hacerlo.



 Finalmente tras horas de lucha el toro, exhausto cayó al suelo.

Hércules había conseguido domarlo



Montado en el lomo del toro Hércules cruzó el mar para volver a Grecia en donde Euristeo recibió la bestia. Os imagináis cómo le recibió, ¿verdad? Por supuesto, metido en su tinaja.




Y, ¿qué pasó con el toro? Pues que una vez que Hércules se lo hubo entregado a Euristeo, éste decidió soltarlo y la bestia continúo causando estragos, esta vez, por Grecia. Pero esta es otra historia y deberá ser otro héroe quien pueda con el toro.

Se me olvidaba, probablemente a alguno de los seguidores de esta sección, en la que de una manera amena intentamos acercar la mitología griega a nuestros chavales, os sonará la historia de Minos. Y es que en RZ100 Cuentos de boca ya hemos hablado de este rey y de este toro que, además de ser el terror de Creta, era el padre del Minotauro (aquí)



Os espero el jueves con el octavo trabajo. Tampoco lo tendrá nada fácil nuestro héroe pues se tendrá que enfrentar, ni más ni menos,  que a las yeguas de Diomedes.





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jueves, 16 de abril de 2015

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Hércules y los establos de augías

Hace muchísimos años Élide, hoy una ciudad periférica de Grecia, era una región inmensamente rica debido a la gran cantidad de ganado que allí se concentraba. No había región en todo el país que superase en número las reses que Augías, su rey, poseía. El motivo de semejante riqueza poco tenía que ver con las cualidades de éste como ganadero -bastante malo por cierto, como ahora veremos- y sí mucho con Helios, el rey sol, verdadero padre de Augías.


Y es que siendo hijo de un Dios el resto dioses habían decidido que sus rebaños jamás se pondrían enfermos, con lo que año tras año lograba que el número creciera de manera considerable. Además su propio padre le había regalado doce fieros toros que defendían al resto de la manada, consiguiendo de este modo no solo que su ganado se librara de las enfermedades que a otros acechaban sino que tampoco sufría bajas por las fieras de los alrededores.




Pero como nada hacía peligrar su máxima riqueza y, como ésta había sido obtenida sin ningún esfuerzo, el bueno de Augías no se esforzaba, ni un poquito, en mantenerla en óptimas condiciones llegando a abandonar los establos en donde su ganado vivía. Figuraos hasta que punto los descuidó y abandonó que estuvieron más de treinta años sin limpiarse. No puedo ni imaginarme la cantidad de boñigas que debía haber y hasta dónde llegaría el olor insoportable que los establos desprendían.

La situación era tan terrible que los barcos desde el mar se enteraban que estaban aproximándos al reino de Augías por el olor que todo él desprendía

¿Os imagináis cuál fue el siguiente trabajo que Euristeo ordenó a Hércules? Exacto.


Limpiar los establos de Augías...



Sí, sí habéis leído bien, esta vez el trabajo de Hércules poco iba a tener que ver con monstruos o seres terribles. Lo que se le encomendaba era limpiar, él solo, las cacas acumuladas durante más de treinta años. Está claro que el mandato tenía como único interés ridiculizar y humillar a Hércules, pero como siempre nuestro héroe, sin rechistar ni una pizca, partió hacia a su nuevo destino.



Cuando por fin llegó a Élide lo primero que le sorprendió es que pese a percibir un hedor terrible, como jamás lo había sentido en su vida, un hedor que incluso le llevó a pensar en utilizar la tela con la que filtró el veneno de la hidra (aquí), los habitantes del reino vivían al margen de él. Se habían acostumbrado.



A diferencia de en otras ocasiones el propio rey lo recibió en Palacio pues las hazañas de Hércules eran conocidas y admiradas por toda Grecia. Tras un suculento banquete en el que incluso Hércules presumió de su fuerza llegó el momento de hablar del trabajo que Euristeo le había encomendado. Hércules no dudó en ningún momento que sería capaz de realizarlo e incluso se jactó de que lo conseguiría en un solo día.

A Augías le parecía una tarea tan imposible que hizo la siguiente promesa:

Si consigues limpiarlos en un solo día
te daré la décima parte de mis rebaños.

Con lo que no contaba Augías es que estaba ante un héroe que no solo destacaba por su fuerza sino también por su inteligencia.  Hércules ya había visitado los establos y había comprobado que dos ríos bastante caudalosos, el Alfeo y el Peneo, pasaban muy cerca de allí. Lo que nuestro héroe hizo fue usar su fuerza para abrir dos canales con los que desviar el cauce de los ríos y, derribando los muros, hacerlos pasar directamente por el establo,  arrastrando a su paso toda la suciedad.



Cuando Augías descubrió que Hércules había realizado la hazaña en un solo día, montó  en cólera, pues ahora le tocaba cumplir su parte del trato y regalarle la décima parte de su ganado. Como cabía esperar el rey se negó a cumplir su promesa alegando que el trabajo lo habían realizado los ríos, y cuando el testimonio de su hijo Fileo convenció a los jueces para que le dieran la razón a Hércules, Augías le desterró del reino.



Y, ¿qué pasó con Euristeo -ese cobarde que siempre acababa en una vasija (aquí)-, cuando se dio cuenta de que lejos de humillarlo, Hércules, con el quinto trabajo había conseguido una nueva hazaña con la que incremetar su fama? Pues se negó a contabilizar la limpieza de los establos de Augías como un trabajo,  alegando que Hércules había solicitado un salario a Augías, con lo que el trabajo no había sido realizado en exclusiva para él.

En definitiva el pobre Hércules que ya había cumplido con éxito  seis de sus diez trabajos, se encontraba que en lugar de cuatro le faltaban otros seis, pues si recordáis ya hubo otro que fue rechazado por Euristeo. (aquí).




¿Cuál será su próximo destino?
Lo sabremos el jueves que viene.




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