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lunes, 16 de febrero de 2015

Encender la noche, de Ray Bradbury y Noemí Villamuza

Comenzamos la semana, como siempre, con una recomendación literaria. La de hoy viene firmada por Ray Bradbury (texto) y Noemí Villamuza (ilustraciones). Su título, Encender la noche.



¿Quién de niño no ha tenido miedo a la oscuridad? ¿Quién no ha necesitado en algún momento que prendieran una pequeña luz que le acompañase y así poder dormir tranquilo? El protagonista de la historia de hoy es uno de esos niños que teme la oscuridad. A él le gustas las linternas...


Y las lámparas
y las antorchas y las farolas
y los faros y los resplandores
y las velas y los rayos

y los relámpagos

Pero no le gustaba la NOche.



Recorría toda su casa, desde el salón al sótano, pasando por la despensa, el desván, la alacena... leyendo, comiendo, paseando en bici pero jamás lo hacía afuera…en la noche.... Nuestro amigo miraba a través de su ventana como los niños jugaban en las noches de verano... los veía aparecer y desaparecer en la oscuridad, corriendo felices... pero él se quedaba arriba en su cuarto, con sus lámparas y linternas, con sus faroles y candelabros, completamente sólo.



Pero la historia cambió una noche que los padres de nuestro niño no estaban y el aprovechó su soledad para encender todas las luces de su casa -las de la entrada, las  del vestíbulo, las de la despensa..., las luces pálidas y las rosadas, las del salón, las de la cocina...- En esas estaba cuando escuchó un golpe en la ventana. Tras él una sombra y una voz que decía:

¡Hola!



Era una niña, de cara blanca como la luna y pelo negro que apostada en la puerta se presentó:


Me llamo Oscuridad [...] 
y yo te presentará a la noche y seréis amigos...




Y hasta aquí voy a leer, solamente decir que esta niña le enseña algo terriblemente valioso a nuestro protagonista que hubiese fascinado descubrir, a una miedosa como yo, cuando era pequeña. La noche no es sinónimo de ausencia de luz, de oscuridad, de miedo... La noche es ese momento mágico en el que se encienden las estrellas, suenan las ranas y aparece la gran luna blanca y el miedo lo único que nos hace es perdernos todo lo maravilloso que ella nos puede ofrecer.


NO apago la luz simplemente 



enciendo la Noche.









Una preciosa y poética historia que Ray Bradbury, ese maestro de la ciencia ficción y la literatura fantástica escribió para su hijo. Bradbury, como tantos otros, fue un niño que temía la oscuridad. Pasaron los años, creció y se dio cuenta que la noche era maravillosa, que estaba llena de vida y que sus miedos, su obsesión por vivir en un mundo iluminado, le habían impedido vivir esas maravillas que solo suceden de noche.  Probablemente por ello, para impedir que su hijo por miedos dejará pasar cosas importantes, dejará de vivir una vida plena decidió escribir este libro: toda una sana invitación a expulsar los miedos inútiles de nuestra vida y a abrirnos a vivirla de par en par.


Un libro que ha sido ilustrado por muchos. En la última edición que yo conozco en castellano publicada por Kokinos lla parte gráfica corre a cargo de Noemí Villamuza. Unas ilustraciones en las que utiliza ese lápiz y esos volúmenes redondeados tan característicos de su estilo y en donde la luz y el color están empleadas de manera soberbia. Noemí consigue trasmitirnos con su propuesta una calidez y una intimidad  que recogen de manera fiel la esencia y el tono delicado y poético del texto de Bradbury. Realmente bueno el trabajo de esta artista que con unos elementos muy austeros, dando primacía absoluta a la mirada, a los sentimientos, a la expresión  consigue reforzar el valor de esta preciosa historia y estimular la imaginación del lector.





Si te apetece seguir leyendo títulos que hemos reseñado pincha en el siguiente enlace.












lunes, 28 de abril de 2014

De verdad que no podía, Gabriela Keselman y Noemí Villamuza

Como todos los lunes toca recomendación literaria. El libro que hoy hemos elegido titula, De verdad que no podía y lo firman Gabriela Keselman (texto) y Noemí Villamuza (ilustraciones).


 Hoy vamos a hablar de un libro que trata sobre los miedos de los niños, y pese a ser un tema recurrente en la literatura infantil, es la primera vez que recomendamos sobre esta materia -no será la última, lo prometemos- y lo elegimos porque estamos ante un libro diferente. Diferente por qué, me preguntaréis, pues por las reacciones de una mamá desesperada ante el desvelo de su hijo que haciendo gala de una desbordante y creativa imaginación va a buscar todo tipo de recursos y soluciones exageradas, incluso  descabelladas, podríamos decir, que convierten la historia en un libro muy, muy divertido. Pero vayamos paso a paso y veamos como se suceden los acontecimientos.


Marc es una niño que quiere dormir, de verdad que quiere. Pero no puede. Así que llama a su mamá y le dice:
Tengo miedo de que entre un mosquito gigante y me pique.

 

Y su mamá le responde que se no se procupe y que lo va solucionar ella en un momento fabricándole: 
un pijama antimosquitos con casco y todo, una espada
para defenderse de los insectos y un objeto espantazumbidos



Pero su mamá se marcha y le deja solo.


Pese al artilugio que su mamá ha creado para combatir la situación, en cuanto Marc se vuelve a sentir solo, le vuelven a entrar otros miedos como caerse de esa cama "tan alta" en la que duerme, que se derrita la luna y el mundo se quede oscuro o que venga un viento malo y le haga pillar un catarro. Su madre, con toda la paciencia y el amor del mundo siempre le repite lo mismo:

No te preocupes mi niño esto lo solucionó en un momento
y dormirás como un lirón.
[...]
No te preocupes tesoro eso lo soluciono en un minuto
y dormirás como un tronco.
[...]
No te preocupes mi amor eso lo soluciono en un momento
y seguro que dormirás hasta mañana.
[...]

Pero además de palabras la mamá se pone manos a la obra en busca de la manera con la que calmar al niño. Lo intenta todo, por disparatado que nos parezca. Construye trampas invisibles atrapa fantasmas, ositos espantazumbidos, le envía una carta a la luna para que no se derrita, e incluso, intenta desviar el viento por medio de carteles que indican que está en la dirección equivocada. Pero nada de todo ello ayuda a Marc.


Y aunque no os quiero desvelar el final, deciros que la solución no la va a encontrar en estas situaciones estrambóticas que tan divertido e incluso mágico hacen el libro, y que tanto gustan a los niños, sino que tendrá más que ver con su propia presencia.


Gabrielea Keselman consigue desde la sencillez y con un tema cotidiano construir una historia brillante que, estoy segura, les va a encantar y enganchar a los más pequeños, con esta estructura circular en donde la tensión y el interés va ir en aumento en cada una de las cinco situaciones que se nos presentan.
No nos podemos olvidar que el éxito del libro tiene mucho que ver con las expresivas  ilustraciones creadas por Noemí Villamuza con las que acentúa todavía más si cabe la comicidad de las escenas. No en vano este libro fue finalista del Premio Nacional de Ilustración 2002.

Disfrutadlo.