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viernes, 19 de diciembre de 2014

¿De dónde viene Papá Noel?




Papá Noel, Santa Claus, San Nicolás, Viejito pascuero, Padre de hielo... son algunos de los muchos nombres con los cuales se conoce universalmente a ese personaje regordete que  todos los años nos trae regalos por Navidad.

Hoy lo que nos proponemos es contaros de dónde viene esta tradición, quién es en realidad este viejecito barrigudo de barba blanca y tez rosada vestido con traje rojo que tiene la buena constumbre de alegrarnos con regalos las fiestas.


Rastreando sus orígenes nos remontamos a la Turquía del s. IV. Allí, en una familia rica y acomodada, vivía Nicolás de Bari, un chico que desde su niñez destacó por la bondad y generosidad de sus actos.  Siendo todavía muy joven, el pobre Nicolás perdió a sus papás y se convirtió en el heredero de una gran fortuna. Pues bien, ¿sabéis qué hizo con el dinero? Dárselo a los más necesitados. Él no lo quería pues había decidido marcharse a Mira y dedicar su vida al sacerdocio.


En Mira fue nombrado obispo y siguió con sus buenos actos convirtiéndose en santo patrón de Turquía, Grecia y Rusia, además de patrón de todos los marineros.

Nicolás de Bari falleció un 6 de diciembre del año 345. Pronto comenzaron a construir templos en su honor y llenar páginas con las leyendas en las que se narraban las muchas bondades del buen santo. Hasta tal punto que, dada la cercanía de su fecha de muerte con la Navidad, se fue tornando en la figura perfecta para repartir golosinas y regalos en las fechas previas al día de Navidad.


La leyenda y la constumbre fue tomando cada vez más peso por Europa y en el s. XVII unos emigrantes Holandeses la llevaron a EE. UU. Os podéis figurar que a partir de aquí la cosa empieza  a asemejarse, poco a poco, a la imagen de Papá Noel que hoy mantenemos porque, todo hay que decir,  Nicolás de Bari ni era gordo, ni  tenía traje rojo, ni viajaba en trineo. Lo que tomamos de esta primera leyenda es la figura de un ser bondadoso que intercambia regalos.

 Ilustraciones de Thomas Nast, 1869.

La imagen archiconocida de un Papá Noel que viaja en un trineo tirado por renos cargadito de regalos para los niños que se han portado bien, es una invención norteamericana que ha sido desarrollada en varias etapas. La primera de ellas la situamos en 1823, fecha en la que el escritor Clement Moore publicó el poema Una visita de San Nicolás. Un relato, un poema en el que se describe por primera vez a Papá Noel surcando los cielos en un trineo llevado por nueve renos voladores.  Un Papá Noel con un aspecto físico bastante parecido al actual, con barba y rechonchito que se introduce en las casa por la chimenea al grito de JO, JO, JO. Aunque todo hay que decirlo su traje rojo se lo debemos al caricaturista y contemporáneo de Moore, Thomas Nast.

Ilustraciones de Thomas Nast, 1869

Con la imagen bastante conformada gracias a Clement MooreThomas Nast el golpe de gracia definitivo lo dio, como no, Coca Cola que en la campaña navideña de 1931 pidió a Haddon Sundblom que humanizara el personaje para que sus consumidores se sintiesen identificados. Y aquí acabamos con un mito, o al menos a eso creo, pues si bien es cierto que Coca cola popularizó el personaje, su imagen de viejo rechonchete vestido de rojo y blanco no se lo debemos a ellos sino a una tradición que ya llevaba casi un siglo vigente.


De esta forma  surgió el Papá Noel regordete, de pelo y barba blancos, vestido con traje rojo y blanco, cinturón y botas negras que espero y deseo os traiga muchos regalos la próxima Nochebuena.




Se me olvidaba el próximo domingo publicaremos el poema Una visita de San Nicolás de Clement Moore.

Buen fin de semana y Feliz Navidad.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Twas the Night Before Christmas, de Clement Moore. Ilustraciones Jessie Willcox Smith

Houghton Mifflin Company

Boston

Copyright © 1912 by Houghton Mifflin Company
 was the night before Christmas, when all through the house.
 Not a creature was stirring, not even a mouse;
The stockings were hung by the chimney with care
In hopes that St. Nicholas soon would be there;

he children were nestled all snug in their beds,
While visions of sugar-plums danced in their heads;
And mamma in her kerchief, and I in my cap,
Had just settled our brains for a long winter's nap,


hen out on the lawn there arose such a clatter,
I sprang from the bed to see what was the matter.
Away to the window I flew like a flash,
Tore open the shutters and threw up the sash.


he moon on the breast of the new-fallen snow
Gave the lustre of mid-day to objects below,
When, what to my wondering eyes should appear,
But a miniature sleigh, and eight tiny reindeer,


ith a little old driver, so lively and quick,
I knew in a moment it must be St. Nick.
More rapid than eagles his coursers they came,
And he whistled, and shouted, and called them by name:



ow, Dasher! now, Dancer! now, Prancer and Vixen!
On, Comet! on, Cupid! on, Donder and Blitzen!
To the top of the porch! to the top of the wall!
Now dash away! dash away! dash away all!"




s dry leaves that before the wild hurricane fly,
When they meet with an obstacle, mount to the sky;
So up to the house-top the coursers they flew,
With the sleigh full of Toys, and St. Nicholas too.



nd then, in a twinkling, I heard on the roof
The prancing and pawing of each little hoof.
As I drew in my head, and was turning around,
Down the chimney St. Nicholas came with a bound.



e was dressed all in fur, from his head to his foot,
And his clothes were all tarnished with ashes and soot;
A bundle of Toys he had flung on his back,
And he looked like a peddler just opening his pack. 




is eyes—how they twinkled! his dimples how merry!
His cheeks were like roses, his nose like a cherry!
His droll little mouth was drawn up like a bow,
And the beard of his chin was as white as the snow;



he stump of a pipe he held tight in his teeth,
And the smoke it encircled his head like a wreath;
He had a broad face and a little round belly,
That shook when he laughed, like a bowlful of jelly.


e was chubby and plump, a right jolly old elf,
And I laughed when I saw him, in spite of myself;
A wink of his eye and a twist of his head,
Soon gave me to know I had nothing to dread;


e spoke not a word, but went straight to his work,
And filled all the stockings; then turned with a jerk,
And laying his finger aside of his nose,
And giving a nod, up the chimney he rose;


e sprang to his sleigh, to his team gave a whistle,
And away they all flew like the down of a thistle.
But I heard him exclaim, ere he drove out of sight,
"Happy Christmas to all, and to all a good-night."