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domingo, 18 de mayo de 2014

10 cuentos para ampliar el imaginario de nuestros niños. Los cuentos clásicos narrados por sus mejores ilustradores

Quienes seguís RZ100 Cuentos de boca sabéis que nuestro gusto por la ilustración está al servicio de proporcionar a nuestros niños un imaginario amplio, rico y fértil más allá de lo que les ofrece Disney. 

Por ello desde hace tres meses todos los domingos os proponemos un cuento narrado en 50 imágenes, algunas veces salieron bastantes más, por sus mejores ilustradores. El éxito de la sección ha sido importante por lo que a partir del próximo domingo habrá nuevos títulos. Hoy os dejamos reunidos los 10 primeros (pinchando en cada una de las imágenes accedéis al cuento).

Esperamos que os lo paséis también viéndolos como nosotros haciéndolos. 

Descripción
La Bella durmiente
Descripción
Cenicienta
Descripción
Blancanieves
Descripción
Caperucita
Descripción
El gato con botas
Descripción
Barba Azul
Descripción
Pulgarcito
Descripción
La sirenita
Descripción
El enano saltarín
Descripción
Rapunzel

Si os ha gustado nuestro blog y queréis recibir información cada vez que publiquemos, pinchando en el siguiente enlace podéis suscribiros a RZ100 Cuentos de boca, un blog en el que además de cuentos, encontraréis música, ilustración, reseñas literaria, mitología, recomendaciones de teatro...




lunes, 31 de marzo de 2014

Blancanieves contada por sus mejores ilustradores




Si queréis ver la primera parte del cuento,  pinchad aquí.


Y así, tendida en el suelo como si estuviese muerta, la encontraron los enanitos
 cuando volvieron a casa para la cena.
La levantaron, y al ver que el nudo le estaba ahorcando, cortaron la cinta y 
la niña comenzó  a respirar nuevamente.

Theodor Hosemann, 1852

Cuando Blancanieves les contó la historia no dudaron ni un minuto que la vendora era la madrastra e
 hicieron prometer a Blancanieves que nunca volvería a abrir la puerta a nadie si estaba sola.

Por otra parte la madrastra en cuanto volvió a palacio lo primero que hizo fue mirarse al espejo y 
preguntarle:
-Espejito, espejito que me ves,
¿Quién es la más hermosa 
del reino?

Arthur Rackham, 1909
 
 A lo que el espejo respondió:

-Oh, reina, no hay duda de que aquí usted sois las más hermosa.
Pero Blancanieves, que vive allá entre los siete montes con los
 enanitos os supera mil veces en belleza.
Al escucharlo , su corazón dio un vuelco y pensó:

-Ahora si que voy a idear algo que te aniquile.

 Guy Sabran, 1949

Y con todas las brujerías que conocía preparó un peine envenenado. Se disfrazo nuevamente de otra vieja mujer 
y se puso en camino a la casa de Blancanieves.

Una vez allí volvió a pregonar a voz en grito:

-¡Vendo buena mercancía! ¡Buena mercancía!

Pero Blancanieves le invitó a que se marchase pues no podía abrir la puerta a nadie.

Darcy May, 1994 

Pero podrás ver la mercancía- le dijo la vendedora.

A Blancanieves le gusto tanto que quiso comprarlo y cuando se pusieron de acuerdo
 en el precio la vieja le dijo:

Ahora te voy a peinar como es debido. 
 
 Angela Barret, 1991

La pobre Blancanieves que no sospechaba nada se dejo.

Y en cuanto la vieja rozó el peine entre sus cabellos, 
el veneno empezó a actuar y Blancanieves cayó al suelo sin sentido


La madrastrase se fue a su Palacio pero por fortuna pronto se hizo de noche y los enanitos volvieron a su casa. 
Al ver a Blancanieves tumbada en el suelo y como muerte enseguida sospecharon de la madratra;
Buscaron el motivo, y encontraron el peine envenenado;

John Batten, 1916

Y en cuanto lo quitaron Blancanieves volvió en sí y les contó lo ocurrido. 

Los enanitos muy preocupados volvieron a insistirle que no habriese
 la puerta a nadie en su ausencia.

Trina Schart Hyman, 1974

En cuanto la reina llego a palacio lo primero que hizo fue ir a sus aposentos en busca de su espejo.



Iban Barrenetxea

Y una vez allí, se colocó frente a él y le dijo.

-Espejito, espejito mágico,
¿Quién es la más hermosa 
del reino?

 Millicent Sowerby, 1909

-Oh, reina, no hay duda de que aquí usted sois las más hermosa.
Pero Blancanieves, que vive allá entre los siete montes con los
 enanitos os supera mil veces en belleza.

John Patience

Cuando la reina escuchó hablar así al espejo, se estremeció y la rabia empezó a corroer su cuerpo.

Aunque me cueste la vida, Blancanieves 
MORIRAAAAA

Y a continuación se metió en un aposento que solo ella conocía....

 
Nancy Ekholm Burkert, 1972

... y preparó una manzana envenenada.

Tuvia Kurtz, 1937

Por fuera se veía muy apetitosa pero quien comiese un solo mordisco moriría.

Cuando la manzana estuvo preparada, se volvió a disfrazar, esta vez de campesina y  se marchó por los 
siete montes hasta la casa de los siete enanitos.

 Harry Clarke

Tocó la puerta y Blancanieves se asomó a la ventana y le dijo:

No puedo abrir la puerta a nadie, los siete enanitos me lo han prohibido.

Como quieras, ya venderé en otra parte mis manzanas, pero toma te regalo una.

No, no puedo aceptar- volvió a insistir Blancanieves

Iban Barrenetxea.

¿Temes que esté envenenada?- preguntó la vieja.

Mirá voy a cortar la manzana en dos partes; una para tí y la otra me la comeré yo.

Gustav Tenggreen, 1923

Pero la manzana estaba preparada de tal manera que solamente una de las partes contenía veneno. 

Cuando Blancanieves vio que la campesina comía de ella, no pudo resistir la tentación por más tiempo, sacó la mano y cogió la mitad envenenada. Pero en cuanto la manzana rozó sus labios...

Jennie Harbour, 1920

...cayó muerta al suelo.

La reina la observó con perfida mirada y riéndose dijo:

-¡Blanca como la nieve, roja como la sangre y negra como el ébano!

En cuanto volvió a Palacio le preguntó al espejo.

Charles Robinson, 1911

-Espejito, espejito mágico,
¿Quién es la más hermosa 
del reino?

A lo que, por fin, este respondió:

-Reina, de todo el reino sois vos la más hermosa.


Arthur Rackham, 1909

Cuando los enanitos llegaron por la noche a su casa, encontraron a Blancanieves en el suelo; 
no respiraba y estaba muerta.

La levantaron y buscaron algo venenoso, le desabrocharón el cinturón, peinaron sus cabellos, 
los lavaron... pero todos sus esfuerzos eran inútiles:
 su querida niña estaba muerta

Kay Nielsen, 1914

La pusieron en un féretro se sentaron alrededor y la lloraron tres días seguidos.

Luego la quisieron enterrar pero todavía se veía tan bella, como si estuviese viva, 
así que decidieron dejarla con ellos.

Le hicieron un sarcófago de cristal, en el que se podía mirar por todos los lados;
 la colocaron dentro y pusieron en letras doradas su nombre.

 Gustav Tengreen

Entonces colocaron el sarcofago en la cima de la motaña y uno de ellos 
se quedaba siempre haciendo guardia.

Maxfield Parrish, 1912

Así yació Blancanieves durante mucho tiempo, hasta que un día un príncipe 
perdido llegó un día a casa de los enanitos. Al ver el sarcófago el montaña 
y a Blancanieves dentro...

Heinrich Leffler Joseph

... se enamoró de ella y pidió a los enanitos:

-Dejádme el sarcófago; os daré por él lo que me pidáis.

A lo que ellos le respondieron:

-No os lo daremos ni por todo el dinero del mundo.


Entonces regaládmelo- dijo el Príncipe- pues no podré vivir sin contemplar a Blancanieves

Al oírle hablar así, los enanitos se compadecieron del príncipe y le dieron el sarcófago. El príncipe ordenó a sus lacayos que lo llevarán sobre sus hombros. Pero entonces ocurrió algo impensable, los lacayos tropezaron
 con un arbusto y con la sacudida  Blancanieves vomitó el trocito de manzana que había comido.

Al rato abrió los ojos, se incorporó y revivió otra vez.

Franz Jüttner, 1905

-Oh Dios mío ¿Dónde estoy?- preguntó Blancanieves.

El príncipe lleno de alegría le respondió:

Estás conmigo.

Y contándole lo que había sucedido, añadió:

-Te quiero más que a nada en el mundo. Ven conmigo al Palacio de mi padre y serás mi esposa.


Nancy Ekholm Burkert, 1972

A Blancanieves le pareció bien y se fue con él.
Y fueron felices para siempre.

Bess Livings

Pero, ¿qué paso con la madrastra?
 Eso lo contaremos otro día


sábado, 29 de marzo de 2014

Blancanieves dibujada por los mejores


Un día de invierno en el que los copos caían del cielo como plumas se encontraba una reina 
sentada junto a una ventana cuyo marco era de ébano. 


Charles Santore

La reina intentaba coser, pero al mirar
 distraída como nevaba, se pinchó con la aguja en un dedo 
 y tres gotas de sangre cayeron en la nieve.

Trina Schart Hyman, 1974
 
El rojo se veía tan bonito sobre la nieve que la reina pensó
"Ay, cómo me gustaría tener una hija tan blanca como la nieve, 
tan roja como la sangre y tan negra como la madera de este marco."

Al poco tiempo la reina tuvo un hijita tan blanca como la nieve, tan sonrosada como la sangre 
y con los cabellos tan negros como el ébano por lo que lo que le llamaron

 BLANCANIEVES.
Pero cuando nació la niña, la reina murió.
 
Nancy Ekholm Burkert, 1972

Pasado un año el rey se volvió a casar. Su nueva esposa era una mujer muy hermosa aunque 
arrogante y presumida, 
que no podía soportar que alguien la superase en belleza.

 Jennie Harbour, 1920

Tenía un espejo maravilloso y cuando se miraba en él, le preguntaba:

-Espejito, espejito mágico,
¿Quién es la más hermosa 
del reino?

A. H. Watson, 1927

A lo que el espejo respondía:

-Reina, de todo el reino la más hermosa sois vos.

Arthur Rackham, 1909

Pero Blancanieves  crecía y se hacía cada vez más hermosa y cuando cumplió siete
años era tan bella como la luz del día y, por supuesto, más hermosa que la misma reina. 

 Dinah, 1936

Así que un día cuando la reina volvió a preguntarle al espejo: 

-Espejito, espejito mágico,
¿Quién es la más hermosa 
del reino?

 W. C. Drupsteen, 1885

El espejo respondió:

-¡Oh reina! Aunque hasta hace nada vos erais sin duda la más hermosa,
en estos momentos Blancanieves os supera mil veces
en belleza.

 Charles Santore

Cuando la reina oyó esto se asustó y se puso enferma de envidia;
 desde ese momento cada vez que veía a Blancanieves se ponía negra del inmenso 
odio que sentía  por la muchacha.

Franz Jüttner, 1905

La envidía y el despecho fueron creciendo hasta que un día mandó llamar a un
cazador y le dijo:

-Llévate a la niña al bosque, no quiero volver a verla. Te ordeno matarla y que me 
traigas como prueba su corazón y sus pulmones.

Jennie Harbour, 1920

Obedeció el cazador y se la llevó; y cuando se disponía a traspasar
 su inocente corazón con la lanza...

George Soper, 1915

Blancanieves se echó a llorar y le dijo:

-¡Ay, querido cazador, déjame vivir! Te prometo que me quedaré en el 
bosque y que no regresaré nunca.

Y como era una niña preciosa el cazador se compadeció de ella y le dijo:

-Vete, niña vete.

Franz Jüttner, 1905
 
El cazador,  pese a creer que Blancanieves nunca saldría con vida del bosque,  se quitó 
un gran peso de encima por no haberla matado.

En aquel momento pasó a su lado un cachorro de jabalí, lo mató con su cuchillo, le quitó 
el higado y los pulmones y se lo llevó a la reina quien mandó cocerlos para comérselos 
creyendo que eran los de Blancanieves.

John Hassall

Y la pobre Blancanieves se quedó sola y desamparada en el inmenso bosque.
Tenía tanto miedo que no sabía que hacer. 

Benjamin Lacombe

Caminó mientras  le sostuvieron las piedras, hasta que empezó a oscurecer.

 Ana Juan
 
Entonces, a lo lejos, vio una pequeña casita.

 Trina Schart Hyman, 1974

Estaba tan cansada que decidió acercarse. 

 Michael Hague, 1993.

En la casita todo era diminuto. Había una mesita cubierta con un mantelito 
y sobre la mesa siete platitos, con siete tenedores y siete vasitos.

W. C. Drupsteen, 1885

Junto a la pared se encontraban dispuestas, una junto a otra, siete camitas 
cubiertas con sábanas tan blancas como la nieve. 

 Wanda Gag

Blancanieves, como tenía hambre y sed, comío un poquito de cada platito 
y bebió de cada vasito.

 Bess Livings, 1937

Después, como tenía sueño se echó en las camitas se durmió.
 
 
Lucien Laforge, 1920

Cuando se hizó de noche llegaron los dueños de la casita: eran siete enanitos que cavaban 
y horadaban los montes buscando minerales. 

En cuanto encendieron la luz se dieron cuenta de que alguien había estado allí y tras examinar
 muy bien todo,
 el séptimo enanito se dio cuenta de que había una niña en su cama.

 
Margaret Tarrant, 1915

La vieron tan cansada que decidieron dejarla dormir hasta el día siguiente.

Al clarear el día Blancanieves se despertó y 
al ver a los enanitos se asustó un poco.

Millicent Sowerby, 1909.

Pero los enanitos le saludaron cariñosamente y le preguntaron su nombre 
y qué hacia allí.

 Jessie Willcox Smith, 1911

Y Blancanieves les contó cómo su madrastra había dado orden de matarla, pero que 
el cazador le había salvado la vida y que había estado todo el día caminando sola por el bosque
hasta que encontró su casita.

Warwick Goble, 1923

Y los enanitos conmovidos con la historia le preguntaron si quería vivir con ellos a cambio
 de encargarse de las tareas del hogar.

Blancanieves aceptó encantada.


Blancanieves se quedó a vivir con los enanitos y mientras ella se quedaba arreglando la casa los 
enanitos iban al monte en busca de hierro y oro.

Charles Robinson, 1911
 
Y por la noche regresaban a casa.

Iban Barrenetxea

Cómo durante todo el día Blancanieves se quedaba sola, los enanitos, 
preocupados le advertían:

-Cuídate de tu madrastra, que pronto sabrá que te encuentras aquí. 
Por favor, cuando estes sola no habras la puerta a nadie.


En la otra parte del reino, la reina era feliz porque creía que Blancanieves estaba muerta. 
Así que un día decidió volver a sacar el espejo y preguntarle.

-Espejito, espejito mágico,
¿Quién es del reino
la más hermosa?


 A lo que el espejo respondió:

-Oh, reina, no hay duda de que aquí usted sois las más hermosa.
Pero Blancanieves, que vive allá entre los siete montes con los
 enanitos, os supera mil veces en belleza.

Anne Grahame Johnstone, 1983

Desde el primer momento la madratra supo que el espejo decía la verdad. 
Así que decidió ser ella misma quien acabase con la vida de Blancanieves.

Se tiñió el rostro, se vistió como una vendedora y fue hasta la casa de Blancanieves.

Una vez allí se puso a pregonar:

-¡Vendo buena mercancía!¡Buena mercancía!

 
Carl Offterdinger

Blancanieves se asomó a la ventana y le preguntó:

-¿Qué es lo que vendéis?, buena mujer.

-Cintas de colores, preciosa. Y sacó una de muchos colores.

Blancanieves, pensando que la mujer era inofensiva, le dejo entrar y le compró una cinta.

 Trina Schart Hyman, 1974

Una vez dentro de la casa, la vendedora le dijo:

-Oh niña, que bella eres. Ven que te pongo yo misma la cinta.

Y Blancanieves que no sospechaba nada, se lo permitió.

 Ada Dennis & E. Stuart Hardy, 1898

En cuanto tuvo la oportunidad  la vieja apretó tanto la cinta...

 Margret Tarrant, 1915

 ... que le cortó la respiración  y cayó al suelo como muerta.

 
Arthur Rackham, 1909

Continuará...