viernes, 4 de marzo de 2016

MITOLOGÍA PARA NIÑOS: Cómo Perseo logró acabar con Medusa, el monstruo que petrificaba con la mirada

Si recordáis la pasada semana dejábamos a nuestro héroe mitológico, Perseo habiendo aceptado un muy complicado encargo del rey Polidectes:

Lo que más ilusión me haría de este mundo es poseer la cabeza de Medusa.

Y, ¿qué tenía de particular esta cabeza para que le rey Polidectes la eligiese como su "regalo" más deseado? (aquí). Pues si os parece lo contamos.

 

Medusa, era hija de Forcis y Ceto dos divinidades marinas, y junto a sus dos hermanas Esteno y Euríale vivían en el Occidente extremo, muy cerca del reino de los muertos. Su imagen era terrorífica: cabeza rodeada de serpientesgrandes colmillos como si de jabalies se tratase, manos de bronce y alas de oro que les permitían volar. Aunque lo que mayor terror causaba era...

Su poder capaz de convertir en piedra todo aquello cuanto miraban. 


 Benjamin Lacombe


Tres monstruos terribles  conocidos como las tres górgonas a las que tendría que enfrentarse Perseo, aunque realmente solo debía acabar con una de ellas. ¿Por qué?  Pues sencillo, Esteno y Euríale eran inmortales, nadie en este mundo podía con ellas; Medusa en cambio, era mortal. 

Ahora sí entendemos el motivo por el cual Polidectes deseaba que Perseo le trajese como regalo la cabeza de Medusa. 


El rey consideraba que jamás volvería de esta aventura con vida por lo que tendría vía libre para casarse con la madre de Perseo, su deseada Danae. (aquí)




Y es que pese a la supuesta mortalidad de Medusa, nadie había podido hasta el momento con ella. Todo aquel que se le acercaba acababa convertido en piedra. ¿Podría el joven y apuesto Perseo? La tarea era realmente muy complicada, pero lo que Polidectes desconocía es que Perseo contaba con una inestimable ventaja. 

Perseo era hijo de Zeus por lo que iba a disponer de la ayuda de los dioses. 


Y ésta llegó muy pronto. Apenas había caminado unas millas cuando un hombre vestido con casco, sandalias aladas y varita de oro salió a su encuentro. Era Hermes el mensajero de los dioses que venía en su ayuda.

Buenos días Perseo- le dijo.
Sé que eres un joven apuesto y valiente, pero este valor no va a ser suficiente para la hazaña que se te ha encomendado. 
Necesitas las armas adecuadas, de lo contrario jamás saldrás victorioso. Si te parece te presto mis sandalias aladas que te llevarán hasta los confines del mundo donde se encuentra la morada de tu rival y esta hoz de acero duro y afilado con la que podrás cortar las escamas que rodean su cuello.

 

No había Hermes acabado de ofrecer su ayuda al joven Perseo cuando otra diosa se apareció ante ellos con toda su majestuosidad: Ateneadiosa de la guerra, la civilización y la sabiduría, eterna enemiga de Medusa que entregó a Perseo un escudo de bronce pulido que reflejaba cual un espejo.

Buenas Joven Perseo. Yo te prestaré mi escudo que te ayudará en la difícil tarea de no mirar jamás a los ojos de Medusa. Si logras mirar únicamente su reflejo saldrás victoriosa de esta aventura.

Y así armado emprendió su camino en busca de las Ninfas del Norte quienes debían proporcionarle el casco de Hades con el que Perseo alcanzaría la invisibilidad y una bolsa mágica en la que meter la cabeza de Medusa cuando hubiese acabado con ella, pues su mirada continuaría siendo fatal hasta después de muerta.




Gracias a las sandalias voladoras de Hermes, Perseo llegó pronto a su destino. El lugar era absolutamente inhóspito. No había rastro de vida alguna y Perseo decidió encaminarse rápidamente a la única cueva existente.

En el interior, las tres Górgonas dormían profundamente pero sus pasos despertaron a Medusa quien lanzó una feroz mirada al joven. Perseo no le devolvió la mirada y tal y como le había advertido la diosa Atenea decidió luchar guiándose por el reflejo de la imagen de su enemiga proyectada en el escudo.

Tomándose unos segundos y dando muestra de una sangre fría propia de todo un héroe se elevó  en el aire gracias a las sandalias aladas de Hermes y se lanzó contra ella cortándole la cabeza de un solo tajo gracias a la hoz de acero. 




Y así acabó con Medusa, cuya cabeza metió en el saco entregado por las  Ninfas del Norte no sin antes admirar como de la sangre derramada nacían dos hijos: el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor.

 

Y, ¿las otras górgonas?, os preguntaréis, ¿No se despertaron con tanta bulla? Pues sí, sí que lo hicieron pero no pudieron dar alcance a Perseo, pues éste haciendo uso del casco de Hades se había vuelto invisible e iba camino de la isla de Séfiros a entregar al rey Polidectes su preciado regalo.

No creo que os resulte extraño si os digo que el viaje no fue ni rápido ni solitario. En él se iba a encontrar con la bella Andrómeda que le haría tardar un poquito más de lo pensado...


Esto si os parece os lo cuento la próxima semana....





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